martes, 1 de julio de 2008

Las retenciones y lo reprimido IV


"Me afligió pensar cuán breve había sido el sueño de la Inteligencia humana. Habíase suicidado. Se había puesto con firmeza en busca de la comodidad y el bienestar de una Sociedad equilibrada con seguridad y estabilidad, como lema; había realizado sus esperanzas, para llegar a esto al Final. Alguna vez, la vida y la propiedad debieron alcanzar Una casi absoluta seguridad. Al rico le habían garantizado su riqueza y su bienestar, al trabajador su vida y su trabajo. Sin duda en aquel mundo perfecto no había existido ningún problema de desempleo, ninguna cuestión social dejada sin resolver. Y esto había sido seguido de una gran calma.Una ley natural que olvidamos es que la versatilidad intelectual es la compensación por el cambio, el peligro y la inquietud. Un animal en perfecta armonía con su medio ambiente es un perfecto mecanismo. La naturaleza no hace nunca un llamamiento a la inteligencia, como el hábito y el instinto no sean inútiles. No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio. Sólo los animales que cuentan con inteligencia tienen que hacer frente a una enorme variedad de necesidades y de peligros."


H.G.Wells, La máquina del tiempo, capitulo XIII.

martes, 17 de junio de 2008

La retenciones y lo reprimido III (en el octógono)


"Y sin duda nuestro tiempo... prefiere la imagen a la cosa,la copia al original, la representación a la realidad,la apariencia al ser...lo que es 'sagrado' para él no es sino la ilusión,pero lo que es profano es la verdad.Mejor aún:lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión,hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado."
FEUERBACH, prefacio a la segunda edición de La esencia del Cristianismo.


El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante. Es la afirmación omnipresente de la elección ya hecha en la producción y su consumo corolario. Forma y contenido del espectáculo son de modo idéntico la justificación total de las condiciones y de los fines del sistema existente. El espectáculo es también la presencia permanente de esta justificación, como ocupación de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna.

Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo, 1968.

lunes, 16 de junio de 2008

Las retenciones y lo reprimido II. (Charly, el sacrificio)


Transformación ( de Kill Gil)

Cerrando las cortinas escondemos el dolor
Cambiando las cabinas escondemos la ilusión
Y cada vez que el canillita trae noticias del final
parece asegurar que sólo por amor
nadie vende diarios
Y cada vez que pedimos perdón teniendo la razón
por descomposición tratando de agradar
nos hacemos daño
Hay veces en que me siento encerrado
la jaula no es tan solo esta pared.
No digas que estoy mal, yo la estoy pasando bien
No sé por qué,
Yo sé por qué
Y cada vez que el canillita trae noticias del final
parece asegurar que sólo por amor
nadie vende diarios (jamás)
Y cada vez que pedimos perdón teniendo la razón
por descomposición tratando de agradar
nos hacemos daño
No insistan en ponerme cerraduras
soy libre y no pienso desistir
cuando quiero salir, no me importa morir
no tengo fin!
no tengo fin!
Cada vez que trates de matar
quizás estés matando a quien te trata bien
cada vez que quieras disfrazar
todos esos disfraces abrirán tu piel.
Y cuando estés cansado de sangrar
Verás que ya no hay nada que ganar
cada vez que trates de ganar
será que tenés mucho que perder.
Y cada vez que el canillita trae noticias del final
parece asegurar que sólo por amor
nadie vende diarios (jamás)
Y cada vez que pedimos perdón teniendo la razón
por descomposición tratando de agradar
nos hacemos daño
No insistan en ponerme cerraduras
soy libre y no pienso desistir
cuando quiero salir, no me importa morir
no tengo fin!
no tengo fin!
Volveré a abrir tu corazón
aunque pasen mil años te daré mi amor
volveré a abrir tu corazón
aunque me desintegre la transformación.
Y cuando estés cansado de llorar
ese vacío ya no te hará mal
Volveré a abrir tu corazón.

Charly García

miércoles, 28 de mayo de 2008

El suburbio que hoy reina en todo el mundo


Como a la Modernidad creemos verla nacer tras las dudas de Descartes, a la Posmodernidad la vemos acunada, entre otras formas, por el Estructuralismo. Hay un rechazo a las dualidades, al binarismo, y el sujeto aparece fragmentado. "Ya no hay más que pequeñas historias y no hay lugar para los grandes relatos", nos dice Eduardo Grüner mientras lee a Jacques Derrida. Hay un aplanamiento (aplazamiento), una homogeneización de la cultura, una trans/versión de las cosas. Esa versión atravesada es hija de una lectura particular que se hace sobre/acerca/en un discurso. La fragmentación permite rearmar, como en un rompecabezas, las posibilidades formales del objeto. Ahí el objeto es sujeto y es sujetado. Sujetado por una tradición ya que sin ella es imposible advertir la nueva forma que, aunque llegada de una fragmentación, se quiere unida, unitaria, conservando un halo de aquello de lo que proviene. No deviene en nada nuevo, nada nuevo es creado. Y en esa nada preexistente que se forma, pareciera que cualquier experimentación es posible, experimentación que ocupa el lugar que la creación tenía, por ejemplo, en el Romanticismo alemán. El experimento en la nada, la fusión, la hibridación, puede ser confundida con creatividad. La astucia, la combinación de elementos que apelan a la atención del espectador (algo que viene de la publicidad y de los medios de entretenimiento donde somos sólo espectadores y consumidores) sorprendiéndolo con determinada excéntrica, ingeniosa presentación, toma el lugar del trabajo del artista, largo y arduo, humano. Ante el aletargamiento que provoca esta corriente de acción y reacción, entre las formas fragmentadas y fusionadas, y la expectación del público, el Tango aparece como una alternativa en la que no se produce una hibridación sino que la identidad del género abarca las posibilidades que fueron surgiendo a lo largo de su proceso histórico. Es posible hallar en el Tango elementos del Jazz, el Folklore argentino, la música clásica, la canzonetta napolitana, etcétera, etcétera. Música de puerto, su identidad es cambiante pero es sólo una. De ahí que sea posible trazar una línea entre Juan “Pacho” Maglio y Astor Piazzolla por más que este último, sin salir del Tango, haya excedido sus fronteras de género hacia el Jazz y la Clásica. Piazzolla apiazzolla el Tango, no lo internacionaliza, no lo globaliza, intenta nada más que hacer la música que le suena adentro con toda la tradición tanguera pero hombre de su siglo que escucha toda la música. Lo mismo que Salgán, Rovira, o, más atrás, Gardel, con sus melodías inspiradas en el campo y en Hollywood; Fresedo y el Jazz de las orquestas de los ’30 y ’40; Canaro o Mores con su sonido Broadway. Nada de la música de estos que enumeramos podría ser confundida con algo que no sea Tango ya que existe una unidad, una verdadera elaboración de los elementos en juego que deviene no en una adaptación sino en una integración en el contexto de una identidad particular. Todo ese Tango que crecía en su Río de la Plata no tuvo resonancia internacional, al contrario, como música de la periferia sólo era conocida por una selecta élite intelectual burguesa en ciertos países del norte, y, paradójicamente, era otra la música que, bajo el nombre de Tango, se hacía popular en EEUU y Europa: el Tango Internacional surgido en Alemania, de acordeones, compás de 2/4 y head snaps, espásticos movimientos de cabeza con ambiciones quiroprácticas. En tiempos de navegaciones como los actuales, mientras el turismo toma el lugar de los antiguos expedicionarios aunque con mayores comodidades, mientras pasamos de la globalización a la provincialización generada por los medios cibernéticos y electrónicos, ahora que cada vez más sentimos nuestra insularidad, queda el Tango despojado de su personal existencialismo y, poniendo el cuerpo, encuentra sitio en la huída general mediante el abrazo de su danza –que pasó de ser una conversación en movimiento a una expresión sensual erotizada-.

F.R.

jueves, 8 de mayo de 2008

Nostalgias..., eran las de antes



Ya la había grabado en el '93 con el Sexteto Canyengue pero, mientras charlábamos haciendo juntos un asado en el fondo de su casa de Rosario, el maestro Federico, "Fede", desde el tono de mi voz hablada comentó: "Seguramente lo cantás en Do#".
- No, le dije, lo grabé en Re.
Volvimos sin más a lo que nos ocupaba: enseñarme su técnica para hacer un asado. Tras la siesta, que duró poco ya que el maestro era de corto dormir, me paró al lado del piano y, efectivamente, en Do# me quedaba mejor uno de los tangos más grandes que se hayan escrito, antes y después en el tango-romanza. Ben Molar, amigo viejo/viejo amigo, me contó una vez que cuando le mostraron a Magaldi sus autores el tango Nostalgias, el cantor nacional espetó: "¿Eso es un tango?", y, por supuesto, no lo cantó. Nostalgias, dé inspiradísimos Cadícamo y Cobián, presenta la primer renovación en la cancionística del Tango tras Milonguita, el primer tango canción.
Así fue como el maestro Domingo Federico, una vez que terminamos de componer la Mlonga para Pepito Avellaneda, escribió el arreglo orquestal con que me acompañó en la gira que hicimos por Europa con su orquesta.Y además, me enseñó una manera de hacer una parrillada digna de su talento creador. Esta grabación en vivo fue realizada por la cadena radial VPRO durante un concierto en el Tropenmuseum de Amsterdam el 4 de diciembre de 1998.
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domingo, 4 de mayo de 2008

Llorando la carta


En una de sus últimas entrevistas, el pensador rumano-francés Emile Cioran decía: "el Tango es de las pocas músicas que todavía me resulta tolerable. La defino como la más extraordinaria mixtura entre metafísica y burdel. Los despojados del amor se convierten inmediatamente en filósofos, el Tango resuelve y engloba esta perturbación mágica de los amantes desdichados. Es impertinente tratar de definirlo. Lo fundamental es escucharlo. Sentir que en esta Edad de Oro del artista inconcluso, del personaje fracasado, somos varios quienes necesitamos rechazar la vana manía interpretativa de nuestro tiempo, entregándonos al placer de una música o de un texto..." Admirador de la obra de Borges, a quien consideraba icono del escritor del siglo XX y del idioma español, "el único en el que el Tango era posible", Cioran rescata eso indefinible que hace a la Tanguidad. Propone una actitud no analítica, no interpretativa desde el saber académico; una actitud de escucha activa y emocionante. Lo que emociona es lo indefinible, ese filosofar en la tormenta para aquietar el temor y el temblor, aliviar el peso de ser. El Tango produce su corte haciendo evidente este proceso individual. El Tango, arte popular, apela al individuo, lo interroga acerca de sí mismo y le sirve de consuelo y compañía. Tal vez para Cioran el Tango era tan desterrado como él, tan universal como Borges. El personaje del Tango suele haber sido apartado de su ambiente (el paraíso perdido) y permanece errando por el mundo atento a sus vaivenes, alerta a sus bajezas pero inocente y entregado frente al amor como en el juego. Tarde o temprano, el personaje del Tango vuelve sobre sí mismo a interrogarse. Pero para volver hay que haberse ido, para siempre estar volviendo hay que siempre estar yéndose como en una permanente Odisea. Si tomáramos el corpus de las letras de Tango como un gran poema épico, hallaríamos esa coincidencia en términos existenciales: una aventura del alma. En el burdel metafísico del Tango se va armando el relato de los que se han quedado sin origen y sin puerto; de los que vagan por un destino del cual no se huye por no dejar de ser; de los que han fracasado para ganar un mundo, otro. No se llega a la profundidad del Tango desde lugares comunes periféricos sino desde sitios internos originales, almas sitiadas por esa perturbación de ser. El alma que canta.
©FR

martes, 29 de abril de 2008

Alienación

En febrero de 1997, grabamos en Amsterdam el CD "Tiempos viejos" (Syncoop records) junto al Quinteto Bailongo. Meses antes, durante la pre-producción, mientras seleccionábamos la música para el disco, decidimos incluír una canción inédita de Astor Piazzolla con texto de F.Bagalá titulada "Alienación". Esta partitura dormía en un cajón de la Editorial Pagani, en Roma, en donde el guitarrista del quinteto, Rob Bangert, la había hallado formando parte de diversas obras que Piazzolla escribió no ya para el género del Tango sino con intenciones de incluírla en el repertorio clásico y no había sido nunca grabada. La partitura original que tuve en mis manos está escrita para barítono y piano a manera de lied. Así fue que nos dispusimos a trabajar sobre ella respetando lo escrito por el autor, es decir, desde el punto de vista clásico, sin modificar lo escrito en esas partes. Tomé la desición de tender al fraseo y a una impostación leve en la emisión de la voz en la tercer toma de estudio. Aquí, entonces, la única versión que existe del tango de Astor Piazzolla y F. Bagalá "Alienación", que tuve el placer de grabar e interpretar en largas giras junto al pianista Lucas de Bruin. Tal vez esta obra, escrita en 1981, cobra una especial actualidad en los tiempos que vivimos.
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Alienación

Un sol con otro sol con otro más,
ayer igual, mañana igual,
siempre la misma alineación,
el tiempo pasa en cantidad,
hora más hora sobre hora.
Un paso y otro paso a caminar
de una pared a otra pared,
de la ventana hasta el rincón,
siguiendo el rastro de tu olor,
tocando el aire de tu sombra.
Un sol con otro sol,
vivir hay que vivir,
habrá que acostumbrarse a ser fantasma.
Salir a no pensar,
volver para dormir.
Dormir es una forma de escapar...
Total, no soy el único al final
que solo trata de durar en paz.

No quiero nada más.
No habrá ninguna fuga
que valga por tu piel, tu vuelo,
tu manera de sentir.
¿Con qué imaginación,
con qué palabra nueva,
se puede reemplazar amor
que completaba tanto?
Hora sobre hora sigo,
un paso y otro paso.
Aquí te guardo y yo me quedo
fantasma con un sol,
con otro sol,
viviendo en vos
de la ventana hasta el rincón.
Tu olor aquí, tu sombra allá.
Alineación de ayer igual,
mañana igual.

Un paso y otro paso a caminar
cruzando toda la ciudad,
amontonado en el montón,
el tiempo es una fijación
hora más hora sobre hora.
Un día y otro día y otro más
de una pared a otra pared,
detrás del ruido diagonal,
hasta sentarse en un café,
con la cabeza en otra cosa.
Un día y otro más
vivir hay que vivir
cuestión de acostumbrarse a ser fantasma.
Pensar en no pensar,
dormir para dormir.
Dormir es una forma de escapar...
Total, no soy el único al final
que solo trata de durar en paz.

Francisco Bagalá

lunes, 28 de abril de 2008

Sobre el cinismo II (una lectura)

Desde su monumental Crítica de la razón cínica, de 1983, profusamente leída y debatida en Alemania, saludada por Jürgen Habermas como el acontecimiento más importante en la historia de las ideas desde 1945, el alemán Peter Sloterdijk se ha impuesto como uno de los pensadores europeos más fecundos e innovadores, su obra desató una fuerte polémica, alcanzando una influencia y gravitación quizá similar a la que tuvo en la década del veinte La decadencia de Occidente, de Spengler.
Sloterdijk quien enseña filosofía en la Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe, Alemania, se encuentra inserto en la tradición de Nietzsche y Heidegger, emparentado a la vez con artistas contemporáneos de la sensibilidad de Wim Wenders y Peter Handke.
La Crítica de la razón cínica puede leerse como una puesta al día de la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer. No se trata ya del nihilismo en ascenso, ni de la metamorfosis de la razón en un nuevo mito ni, mucho menos, del dominio de la razón instrumental lo que Sloterdijk describe y denuncia, sino el cinismo difuso de nuestras sociedades exhaustas. Ese 'nuevo cinismo' que se despliega como una negatividad madura que apenas proporciona un poco de ironía y compasión, pero que finalmente desemboca en la desesperanza. Un cinismo que Sloterdijk define como 'falsa conciencia ilustrada': la de quienes se dan cuenta de que todo se ha desenmascarado y pese a ello no hacen nada, la de quienes se dan cuenta de que la escuela de la sospecha tampoco ha servido de mucho. De allí cierta voluntad iconoclasta, voluntad de ruptura con el pacto cívico ante una comunidad que aparece inauténtica y perturbada, por lo que el verdadero cínico prefiere escapar de la alienación, optando por el camino autárquico (autarkeia) antes que andar embrutecido como el rebaño domesticado, gobernado por las rutinas y convenciones de la gran ciudad. Sloterdijk realiza una "deconstrucción" radical -en el más genuino sentido del postestructuralismo francés- del concepto de logos tal y como nos lo ha legado la historia de la filosofía occidental, y para hacerlo se sirve del cinismo antiguo: de la risa, la ironía y las interpelaciones. El escándalo parte de su melancólica declaración del fracaso del humanismo como utopía de la domesticación humana mediante la lectura, ante las nuevas técnicas de agitación y desinhibición de las masas, pero también del supuesto coqueteo con el vocabulario nazi y con las peligrosas fantasías de Nietzsche acerca del superhombre, así como con las ideas de Platón sobre el Estado como parque zoológico humano, donde una elite de sabios planifica la vida de los hombres al modo de un staff de tecnócratas al frente de una empresa de ingeniería genética. Sloterdijk desarrolla, así, un nuevo tipo de fenomenología y ontogénesis de los espacios humanos, repasando sus aventurados vericuetos por el imaginario de la historia, el arte, la literatura, la música pop, la mitología, la patrística, la medicina magnetopática, la psicología analítica, la mística y la filosofía.
Adolfo Vásquez Rocca
visitar http://www.ucm.es/info/nomadas/14/avrocca.pdf

sábado, 26 de abril de 2008

Loca ella, loco yo


En el año 2002, cerca de fin de año, había una milonga en una Londres nevada que se llevó a cabo en el hall de un Instituto de Neurología a la medianoche. Quien la organizaba, un tal Oliver, había obtenido el permiso de sus directores con la condición de que allí no se fumara ni se consumiera alcohol. La primera regla estrictamente respetada. Estando en un ambiente tan inusual, la pregunta acerca de qué puede llevar a la gente de este u otros países a disfrutar del Tango de modos tan diversos e inesperados estaba a pedir de boca. Uno sabe callar ciertas cuestiones a tiempo. Esa imposibilidad, lo imposible de que en un instituto de ese tipo existiera una milonga, puede remitirnos a nuevas preguntas que, por cierto, otros ya se han hecho. Por caso, vemos en Alicia Dujovne Ortiz un acercamiento a estas cuestiones cuando dice “...el Tango simboliza el ‘tesoro de la incertidumbre’, indispensable para que la posibilidad de la pareja permanezca siempre abierta y siempre lindante con su imposibilidad”. Tesoro de la incertidumbre en tanto acto de seducción permanente donde los velos no se dejan caer por completo aún cuando sea esa la actitud. Esto no sólo sucede en la danza sino en cada una de las expresiones tanguistas. La entrega del cantor en su interpretación, como forma de arte, no puede ser percibida como vano exhibicionismo. La cadencia profunda del bandoneonista sólo nos advierte de ciertos aspectos de su alma. El Tango habla acerca de si mismo a través de sus artistas antes que los artistas por medio del Tango. Pero, volviendo al tema de la imposibilidad, lo que aquí se juega es el deseo en tanto motivo que nos arroja hacia adelante, alguien llamaría a esta pulsión simplemente fe. La fe se construye frente a la evidencia de la imposibilidad como también el deseo lo hace. En tanto el deseo se pone en juego es posible quebrar las metonimias, las repeticiones, las alienaciones que acechan. Su falta resulta en inanidad y es así como los lugares comunes -¿viniste sola a bailar?- suenan vacíos de contenido. El deseo impone una actitud creativa e impensada. Asistimos felices a la belleza siempre renovada en la obra de Juan Carlos Cobián o de Charlo, por ejemplo. Cuando el deseo encuentra su camino, se convierte en pasión. Esa imposibilidad que provoca al deseo y lo nutre hasta convertirlo en pasión resulta, tal vez, en que algunos londinenses organicen una milonga en una institución psiquiátrica sin temor a quedar internados.

©FR

Ni el músculo duerme, ni descansa la ambición

Se impone una reflexión ante la ausencia de nuevas canciones en el Tango que suena en la actualidad. La figura del cantor o cantora se ha convertido en una mera decoración en ciertas orquestas nacionales o extranjeras, y los ensambles musicales con importante presencia de obras cantables son generalmente liderados y producidos por los vocalistas. Aún en estos casos el repertorio no suele ir más allá del período comprendido entre 1930 y 1955*.Los tangos se repiten de cantante en cantante y es raro encontrar alguien que arriesgue nuevas canciones propias o ajenas aunque empieza a haber una leve presencia de cantautores, bardos tangueros. La discusión se entabla ante la presencia de la danza que abarca casi todo el Tango en los últimos veinte años llegando a vincularse el género sólo con el baile como si sus otras expresiones no existieran. Es común que el visitante extranjero en Buenos Aires sólo vaya cotidianamente a las milongas y no muestre ningún interés por lo que el Tango puede ofrecerle fuera de esa actividad. Existe una sectorización entre las artes del Tango como si no fuera necesaria su intrínseca relación, su menjunje, para que la Tanguidad sea. Aún, entre las extrañas invenciones que surgen para agasajo de los turistas, hay un Campeonato de Danza de Tango, como si fuera un deporte, en vez de un festival o certamen, algún día a alguien se le ocurrirá postular al Tango Danza como disciplina olímpica… Esta apropiación que el mercado hace del Tango parcializándolo y ofreciendo sus partes individualmente para capitalizarlo, hace que aparezcan como subproductos el canto, la poesía y, en menor medida, la música instrumental. Se parte de la idea de que los bailarines aceptan alguna otra expresión en tanto no les tome mucho tiempo entre danza y danza, como si el canto y lo instrumental fueran simples efectos coloridos, decoraciones inevitables de una noche de baile.
*“la verdad es algo que estuvo inscripto en el pasado. (…) El inconsciente es un saber que garantiza lo propio de la repetición. Es el lugar de la verdad, la verdad que funda la historia y la verdad producida en la historia.” Walter Beller, Carta Psicoanalítica, México, 2003.
©FR

jueves, 24 de abril de 2008

Bardero (crítica al CD en El Tangauta)


BARDERO

Fabián Russo es un bardo.¿Vale la pena escucharlo entonces? Por supuesto, porque pese a que bardo es en el lenguaje coloquial desorden o lío, en su acepción original significa trovador o juglar. Y jugando con las acepciones —y con nosotros— Russo utilizó esta palabra como título de su último disco. Su voz grave y varonil es una forma de ubicarse en la época dorada del tango, hecho que también se refleja por haber compartido escenario con maestros como Pugliese, Goyeneche y Mederos, entre otros. Varios de los temas son composiciones propias (en clave de tango o milonga) que desde un lenguaje nuevo referencian a un pasado que no está detrás sino en paralelo. Milonga para Pepe Avellaneda es casi una crónica para los libros de historia de aquel que desde su sabiduría enseñó a bailar a casi todos. –LG (para El Tangauta)

THE BARD. Fabián Russo is a bard. Is it worthwhile to listen to him then? Of course, because despite the fact that in Argentine slang bard means disorder or mess, its original meaning is troubadour or minstrel. And playing with the meanings —and with us— Russo used this word as the title for his last CD. His serious and manly voice places him in the Golden Era of tango, supported also by the fact that he shared the stage with masters such as Pugliese, Goyeneche and Mederos, among others. Several of the songs are of his own composition (in the rhythms of tango or milonga). He uses a new language to refer to a past that does not run behind but parallel. Milonga para Pepe Avellaneda is almost a history book chronicle of he, who with his wisdom, taught almost everybody else how to dance.
“EL BARDO” Fabián Russo; 2005

domingo, 20 de abril de 2008

Sobre el cinismo


Alguien me dirá que es mi culpa, que tengo que elegir mejor con quienes ando, pero uno se arrima a determinados mundos y personas por razones que, en general, están más cerca de la curiosidad o el deseo que de la razón. Por suerte, nunca me he sentido sometido a la obtención de determinados vínculos y, si existe este blog o aparece conectado el messenger, no me produce ningún síndrome de abstinencia el no hallarme virtualmente comunicado. Tal vez, de ahí que haya quienes se sienten personalmente heridos por no tener yo el mismo tipo de actitud adictiva en el chateo porque no siento la compulsión de establecer contacto por más que vea al otro conectado. Me agrada saber que mi hija y yo, especialmente, nos hallamos en contacto de esta manera a pesar de los 13.000 kilómetros que nos distancian aún cuando no tengamos nada que decir a veces. Pero, volviendo, no sólo en este mundo de virtualidades programadas aparece esta queja respecto de mi mañoso ser aquí. Es la historia de una vida. Desde la adolescencia temprana, negativo o pesimista han sido los epítetos más suaves que me han proferido. Sarcástico, complicado, oscuro, vueltero, demasiado racional, poco espiritual, exageradamente analítico, distante, frío, resentido, malvado, cínico. Es cierto que no creo que existan las “cosas simples de la vida”, ni las personas “sencillas” o “sin rollos”, me dan la impresión de que pueden llegar a ser excesivos fóbicos. Una mancha más para este tigre. Lo cierto es que hubo un punto, hace muchos años, en que estos juicios acerca de mi personalidad (recibidos sin haberlos pedido y, en general, expedidos por quienes se tienen a sí mismos en una jerarquía diferente) empezaron a ser motivo de una especie de orgullo por el rescate de una identidad, la mía, fuera del rebaño gobernado por las rutinas y convenciones de la urbanidad. Decir lo que se siente o piensa de un modo no ofensivo puede ofender a quien está en el rebaño y hasta puede ser uno tachado de soberbio por ser simplemente uno mismo. En realidad, es una invitación al intercambio de ideas, es suponer al otro suficientemente inteligente o avispado como para conversar, pero sucede, ante nuestra sorpresa, que el otro puede sentir esta invitación como un peligro. Ese interlocutor es un cínico. Tal vez, sea posible hablar de dos tipos de cinismo. Hay quienes nos encontramos más en la línea cínica de un Diógenes, en el cual la risa, la ironía y la interpelación inteligente son los recursos utilizados para hacer temblar los fundamentos de lo establecido. Es un cinismo de antigua data en la historia de la Humanidad y es, sin que me surja una duda, un cinismo auténtico ya que tiene un objetivo claro y real: escapar de la alineación reinante prefiriendo cierto grado de autonomía que puede aparentar soledad para el rebaño. El otro cinismo, el que más cunde, el artificial, desata su ironía desde una profunda negatividad que lleva a la desesperanza, al “qué le va a hacer”, “así son las cosas”; una toma de conciencia que elige no hacer nada, una “falsa conciencia ilustrada”, en palabras de Sloterdijk, “la de quienes se dan cuenta de todo se ha desenmascarado y pese a ello no hacen nada, la de quienes se dan cuenta de que la escuela de la sospecha tampoco ha servido de mucho”. Aquellos que eligen el status quo son, entonces, cínicos, los que juzgan al diferente y quieren un mundo homogéneo, los que critican al que “piensa demasiado”. Quien se halla en búsqueda permanente de la verdad no lo hace para destruirla, como quiere ese otro cínico en su provinciana globalización con tal que la cadena metonímica de su vida no pierda un eslabón. Cuanto más avanzado nuestro mundo, cuanto más globalizado, más “comunicado”, menos lugar para el que busca, lámpara en mano, al Hombre.

jueves, 17 de abril de 2008

Borges y la bola de cristal

Desde hace poco más de un año se ha establecido, en círculos literarios de universidades y periódicos norteamericanos, que Jorge Luis Borges, como su contemporáneo Benjamín SolariParravicini, tenía talentos de anticipación y le era revelado el futuro. Lejos de reírnos a carcajadas como en un coro de desalmados borgistas, sus lectores de siempre, o tal vez una mayoría de tan extenso grupo, nos miramos maravillados como cuando un jugador de fútbol argentino pasa a integrar las lides de un club del primer mundo tal con el ascenso de Borges a la categoría de Nostradamus. Más aún, hay quien no solo especula con que nuestro poeta previó la existencia de la Internet sino que además la creó. Esto, claro, basándose en la lectura de cuentos como “La biblioteca de Babel”, “El Aleph”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” y, ante todo, “Tlön Uqbar Orbis Tertius”, amoroso homenaje a las ideas e invenciones de su polifacético amigo Xul Solar (Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari 1887-1963). Tal vez ahí esté la clave. Quizás, por su particular historia personal, las características de su obra, los intereses metafísicos que lo guiaban; la invención de sistemas como un nuevo tarot o un nuevo ajedrez; su personal visión astrológica; las constantes referencias esotéricas y su convencimiento de que en las matemáticas y en la física se hallaban los secretos del mundo, podría bien ser Xul Solar quien predijo la existencia de la red global. Pero en Estados Unidos no saben que existió Xul Solar. Más aún, el pensamiento empírico, aristotélico, que domina en aquella cultura, poco podría comprender acerca de los alcances de la obra de este artista y científico porteño, de la influencia que ejerció no solo en Borges sino en otros intelectuales como Leopoldo Marechal, Roberto Arlt, Julio Cortázar u Osvaldo Lamborghini, entre otros. La clave que se halla en la obra de Xul Solar es su alejamiento completo del binarismo tradicional para entregarse a una mullida y vasta polivalencia. ¿Cómo podrían Borges y Xul Solar, que creían en la superación del binarismo, ser precursores de un red virtual que está determinada por cálculos binarios de la fórmula, de Gottfried Leibniz, 1-0? Anticipándose -él sí- varias décadas a postulados, que esgrimiera Jacques Derrida, acerca de que es necesario deconstruir las oposiciones invirtiendo primero las jerarquías (en la oposición de dos términos siempre uno de los dos ocupa una posición dominante) para resquebrajar luego todo el sistema, Xul Solar pretende que se alce un mundo basado en terceras posibilidades que, en general, han quedado ocultas, prohibidas por el patriarcado binarista, y que se tienen por más abiertas, armonizadoras y con gran capacidad de adaptación por su flexibilidad.
Que Borges haya homenajeado su amistad con este artista, todavía poco frecuentado hasta en su propio país, con el que es, tal vez, su mayor cuento, habla también de su sintonía con las visiones de Xul Solar. No debe sorprendernos que ambos cultivaran, a su manera como suele suceder, el Budismo. Tanto así que, visitando el museo Xul Solar en el antiguo edificio del Pen Club de Palermo, hallaremos imágenes budistas en forma de mandalas y en iconos sea en telas, madera u otros soportes. Como también existe aquel pequeño libro de Borges con Alicia Jurado que titularan, al modo zen, con la pregunta “¿Qué es el budismo?” Tal vez nuestra ignorancia nos hace creer que Borges o Xul Solar predecían la existencia de Internet cuando, en realidad, suponían que el mundo se estructura como un lenguaje y que hay un ultra-mundo que se expande hacia el infinito en combinaciones inesperadas, simultáneas y paralelas, como sucede en “La biblioteca de Babel” desde las formas hexagonales, mandálicas. El astuto pensamiento empírico de nuestros generadores de tendencia imperiales, sólo alcanza a reducir los resultados de la creatividad de Borges a una improbable capacidad de visionario cuando lo que nuestro poeta intentaba expresar era algo menos banal que “esta bomba de tiempo a la base de las certezas metafísicas de la humanidad” (ver encabezado de este blog). Personalmente, creo que si Borges asistiera al uso y desuso que se hace de la red global, estaría espantado. Además, un bibliófilo como él, un confesado fetichista del libro, solo hallaría desolación en el mundo virtual.
©F.R.

lunes, 14 de abril de 2008

El gris (tango)


calle poblada de quimeras
de vagos y troteras
milonga y rocanrol
apuestas que nunca nadie gana
payasa sensiblera
de saque con alcohol
tiempo que pasa con urgencia
la historia que mañana
va a ser igual que hoy

me quedo con el gris
la vida desde aquí no es tan fulera
si por amor nos fuimos
si por amor volvimos
¡aguanten los poetas!
hay que ver la soledad de los que esperan
aunque ya no quede nada por soñar
se me cruza tu nombre en la garganta
y vuelvo siempre aquí
buscándote en el gris
sabiendo que no estoy
y que no estás

ando la noche y me marea
su corazón de ojera
llorando en un rincón
costumbre de andar siempre sin ganas
pensando que la vida...
la vida ya pasó
ando camino de tu ausencia
y es poco lo que falta
para que salga el sol.


©F.R.

sábado, 12 de abril de 2008

Vulcania loca


La fina película de hielo que se extendía sobre el campo verdoso y dorado en los flancos de las vías del tren que me llevaba a Bruselas espejaba en los charcos inmóviles el azul tenue del cielo boreal. Porque el azul celeste en el Norte no es tan profundo como en la pampa extensa que dejé al emprender el viaje, aunque esta llanura de la antigua Batavia podría confundirse con los campos del sur por su uniformidad e insistente horizonte. Placer secreto de viajero con tedio es este quedarse mirando en lontananza a paso veloz para que la ventanilla arme su tela de paisaje casi quieto mientras los párpados se vencen y los colores y las formas se acercan cada vez más a aquellos soñados por Monet. Viajaba solo, y ni siquiera compartía estos cuatro asientos cubiertos con una excelente imitación del terciopelo en tono rojizo cercano al de la tierra misionera de la que, seguramente, el diseñador nunca fue testigo. Aparte de mis libros, había en la mochila algo de ropa pero nada especial ya que este viaje, comenzado en Hamburgo días atrás, no tenía por objeto llevarme a ningún lado. Había decidido que, de ahora en adelante, gastaría el dinero que me quedaba de la herencia familiar en trenes, haciendo impensadas combinaciones, aunque no resultaría: en el fondo uno sabe que los ferrocarriles tienen su propia lógica y que es casi imposible apartarse de su agenda. Por lo tanto, esa mínima trampa me permitía sentir que no tenía rumbo y que era dueño de mi perdición, un ínfimo pecado burgués. Caía la tarde en gris y la nieve se ondulaba suavemente sobre los sembradíos de girasol con sus tallos secos y ardillas que corrían fugaces como almas marrones sobre las sábanas heladas y quietas tras los vidrios. El tren paró en una vieja estación cuyo nombre se ha borrado; algunos pasajeros bajaron con sus bártulos precisos y en orden, algunos han subido. Una vez recobrada la marcha, vuelto el guarda a revisar el pasaje, perdí mi solitaria estancia en movimiento ya que, apabullante, acomodó sus paquetes y se sentó una mujer de cabello caoba hasta la nuca y grandes ojos negros exactamente frente a mí. Luego de saludarnos con gestos sobrios y pequeños ademanes casi invisibles, ella cruzó las piernas en posición de loto y, abriendo un cuaderno muy usado, siguió escribiendo en él como si apenas recién hubiera dejado de hacerlo. Por un pudor aprendido en los viajes, hice lo posible por no mirar sus manos para adivinar lo que escribía, pero, sea tal vez una obcecada educación a medias traída de mi tierra o por celosa curiosidad, no pude más que notar que su piel era traslúcida, de un extraño color perlado, con anchas y poderosas venas que surcaban unos huesos largos en el dorso de que más parecían andariveles por donde corría la fuerza derramada en el bolígrafo y de ahí, en un salto imperceptible, al papel de aire raído. Aunque muy vestida, a la usanza de la desprolijidad urbana que se instalara en los setenta, era posible adivinar la delgadez de sus brazos, el pecho hueco, la espalda encorvada. Con trazos gruesos y redondos ella escribía endecasílabos en columnas sin pausa como en los poemas latinos que amaba Ezra Pound. Debían ser largos pensamientos en donde no cabían más que algunos silencios secretos ya que no parecía utilizar puntuaciones de ningún tipo en un fluir constante que encadenaba los versos a un tiempo imponentes por las curvas y las líneas manuscritas como también extáticos en su perfecto encolumnado. Tan azul la tinta dibujando en esa hoja sin renglones como savia que corre por el enramado de los dedos. Habrá sido por la presencia de mi mirada, ya fuera de todo control, que ella levantó la cabeza, hasta ese momento una línea blanca bordeada de una fina caspa entre el pelo lacio y bien peinado, mirándome con sus ojos oscuros, redondos y brillantes como fruta turca. Era una mirada mucho más insolente que la mía, dispuesta a pelear el derecho de su intimidad, como se mira a un posible sátiro enfundado en la piel de un mero oficinista. No atiné a disculparme por miedo a que fuera considerado como aceptación de una falta cometida. No pude sostener su mirada tampoco. Sin embargo, posando el bolígrafo sobre uno de sus muslos delgados, extendió su mano en busca de la mía sin quitarme los ojos de encima, directamente a los ojos.
- Me llamo Eloise- dijo en holandés con un fuerte acento francés de las Ardenas.
- Víctor...- respondí y sentí que ella era tremendamente frágil al tenerla tomada así, sus dedos apenas alcanzaban a rodear el ancho de mi mano y tuve que detener la usual firmeza al estrecharla cuando sentí aquella levedad.
Durante un largo rato no hubo más palabras entre nosotros aunque aquel simple contacto modificó completamente nuestra situación por lo que ya no habían mis ojos auscultándola sino simplemente mirando sus movimientos circulares al escribir y la nitidez de su piel pálida y tibia. En cierto momento, una media hora más tarde, cerró el cuaderno de golpe e irguiendo el torso y desperezando buscó mis ojos que ya sabía en ella y me ofreció una sonrisa tan amplia que sus magras mejillas se alzaron provocando hondas ojeras bajo la mirada fulgurante. Sonriendo también, señalé como lo haría un mono hacia el cuaderno ahora hecho un pequeño tubo en su mano izquierda.
- Endecasílabos.- solté como quien dijera “buenas tardes” o “así es la vida”. Ella asintió con la cabeza mientras en un acto de prestidigitación sorpresivo metió el cuaderno en un bolso de lona raído para sacar con la misma mano una manzana verde que, al ser mordida, hizo un ruido hondo y desaliñado que poco armonizaba con aquella pequeña mujer. Ya había anochecido y las luces interiores del vagón se reflejaban en la ventana devolviéndonos nuestra imagen; sin embargo, ella comía su manzana mirando hacia afuera lentamente. Me atreví a preguntarle si era poeta.
- No, sólo le escribo a un hombre que no sabe hablar.
- Entiendo. Es algo habitual entre mis congéneres. ¿Vas a Bruselas?
Pero ya se molestó por mi inquisitoria y lo supe por su cuerpo que pareció torcerse como aquellos troncos de los desiertos.
- Soy de Argentina y también voy a Bruselas.- dije intentando componer la atmósfera con un dato privado que tal vez ella no se animaría a pedir.
- No voy a Bruselas, no voy a ningún lado; me quedaré aquí hasta que él llegue.- dijo sin mirarme.
- ¿Aquí en el tren?
- Argentina...Argenteuil...No me encontrará en el Monasterio. Argenteuil. Debo volver a París. El querría hallarme ahí, sosteniendo nuestra cruz en la torre con almenas.-
Parecía desvanecerse en su pensamiento, pensé que tal vez moriría en ese instante. Busqué sus ojos que eran piedras relucientes y le pregunté qué es lo que él no sabe decir.
- Cualquier cosa, lo que sea, que no nos ha olvidado...- Tocó mis labios con sus finos dedos.-¿Por qué no hablas? ¿Por qué no dices que todavía existo?-
No sé si en las yemas sintió mi intención de ser aquel hombre y la impotencia de no encontrar las palabras pero su mirada trajo desde una húmeda profundidad aquel susurro.
- Abelardo...-
Y en aquel momento volvió a arrellanarse en su lugar de pana rojiza y sacó el cuaderno y siguió escribiendo, olvidándome, uno a uno esos endecasílabos encadenados en el silencio, arrojados a su destino, como el tren en el que andábamos con sus vagones y su quietud veloz entre el hielo y la nieve y la oscuridad.


©Fabián Russo, 2008

jueves, 10 de abril de 2008

Las retenciones y lo reprimido

La oposición masculino/femenino es masculina. En su lucha por un lugar en el mundo del varón, oponiendo lo femenino a lo masculino, este movimiento anula lo que dice defender. La lucha de la mujer desde las oposiciones solo la deja más a merced de lo masculino. Lo masculino es una estructura basada en las oposiciones, en lo binario, en el ser-no ser, en la represión. Más allá de que en nuestra cultura una mujer en matrimonio es “de” el varón – y no viceversa- y que busque, en general, convertirse en esa propiedad del otro, la aparente lucha de las féminas por obtener los mismos derechos que los varones sólo parece una muy astuta estrategia masculina para profundizar su dominio sobre la realidad. Evita, si bien abogó por el bienestar de los descamisados no logró ayudar de modo alguno a sus compañeras de género ya que, propia idea, no era nada sin Perón, evitaba ser sin él. El voto femenino fue necesario para que el Peronismo ascendiera como lo hizo, y lo hizo manipulando el derecho de las mujeres a votar. Lo feminista es masculino tanto que, erradamente por su exageración, suele vincularse a ese movimiento con mujeres asexuadas o lésbicas. Claro, lo que no es masculino carece de sexualidad, diría Freud. Fundamentalmente el feminismo, y todas sus variantes, en tanto actúa por oposición, pertenece a la categoría de lo masculino. Lo femenino, en cambio, es su alternativa polivalente. Lo femenino no se opone, su estrategia es la seducción. Que una mujer reclame constantemente desde el poder, el falo, que por femenina/ista se siente discriminada es una actitud masculina. Poner en juego una lucha de oposición utilizando el género, es masculino. Pretender modificar el habla y la lengua forzando a una palabra neutra, como “presidente” (quien preside) por una versión posible pero artificial forzando su feminización, es masculino. Plantear la realidad como una lucha de opuestos (campo/ciudad, pobres/ricos, blancos/negros, nuestros/ajenos,) es masculino, es trabajar para lo masculino. La estructura de lo masculino, si bien poderosa, es simple, no tiene demasiadas facetas. La polivalencia femenina se extiende por los espacios sin oponerse, sin una dialéctica binaria, por medio de la seducción. Es masculino creer que la seducción es un acto artificial que busca obtener poder mediante sutiles manipulaciones. La seducción es lo natural femenino. Solo cuando se seduce desde lo masculino puede ser artificial, porque plantea oposiciones, ganar espacios; en lugar de comprender e integrar, lo masculino reprime y censura. Como plantea Baudrillard, “la seducción representa el dominio sobre el universo simbólico, mientras que el poder solo representa dominio sobre el universo real.” Es decir, una novia que no se maneja segura en el plano de las representaciones simbólicas, más que novia es un amigo.

martes, 8 de abril de 2008

Los puritanos

Sociedades puritanas son aquellas que generan expresiones como la pornografía, el culto por la decadencia, la afección por lo degradado. De una manera infantil, pero profundamente perversa, se aplaude al artista que, en principio, muestra en escena los jirones de su existencia como si en ese acto exhibicionista, costumbre puritana, se convirtiera en el cordero en sacrificio por los estragos que la sociedad capitalista, cruel e insensible, produce sobre estas almas vulnerables. Vulnerables, sí, e imagen del fracaso individual frente a la tremenda presión del sistema. Como en las pantomimas del payaso de circo que no para de caerse de sus zapatos, el artista de la decadencia se desangra, sea por medio de la voz en el canto o por el desaliño calculado con marcas de moda, para que el público se sienta un poco mejor acerca de sí mismo, acerca de su culpa lavándose en este sacrificio organizado, producido. La mentira estriba ahí mismo, nada de eso es real, y no es que se pretenda que el arte tenga algo que ver con la realidad pero si con la autenticidad. El artista realmente comprometido se halla cooptado por la existencia de la verdad. Una verdad, claro, que trasciende lo perentorio del mundo. Cuanto más imponente es la moral de una cultura, más adorada será la representación de la decadencia. Entonces, si el arte en cuestión es cantable, será la voz empobrecida y castigada la que haga creíble, para los puritanos moralistas, que en cada canción se esté operando una pregunta acerca de uno mismo y los demás. Frente a la actitud de sacrificio, el público pacato y prejuicioso siente que lava sus culpas por negar o repeler la existencia de los sensibles. Y en ese acuerdo tácito, el artista miente y manipula la verdad de un arte para llenarse los bolsillos, y el puritano público aplaude –no sabe más que aplaudir- buscando creer que, por ejemplo, el Tango es whisky, carreras, cocaína y mujeres. Pero hay un problema, el Tango no es cool.

ver nota en www.rollingstone.com.ar/nota.asp?nota_id=1002201&pid=4247517&toi=5959

martes, 18 de marzo de 2008

Poema en la voz de Paul Célan


WAS GESCHAH? Der Stein trat aus dem Berge
Wer erwachte? Du und ich.
Sprache, Sprache. Mit-Stern. Neben-Erde.
Armer. Offen. Heimatlich.

Wohin gings? Gen Unverklungen.
Mit dem Stein gings, mit uns zwein
Herz und Herz. Zu schwer befunden.
Schwerer werden. Leichter sein.


¿QUE PASO? La piedra salió de la montaña.
¿Quién se despertó ? Tú y yo.
Lengua, lengua. Con-estrella. Tierra cercana.
Más pobre. Abierta. Natal.

¿Adónde iba? Hacia lo no acabado.
Con la piedra iba, con nosotros dos.
Corazón y corazón. Más denso aún.
Devenir más denso. Ser más ligero.

sábado, 15 de marzo de 2008

Línea N (Waterlooplein- Estación Piedras)





Espero que me alcance el aire. Ya dejé atrás doscientos metros y ahora solo me sigue un jinete. No me alcanza. Después de la próxima esquina podré esconderme en el umbral de la zapatería de van der Molen. Pesa el abrigo de cuero pero perdería segundos clave en quitármelo, el sudor baja por mi espalda. Los cascos del caballo cambian el ritmo y se resbalan contra el empedrado. El jinete sigue gritándome que me detenga y me insulta mientras más me alejo. Allá veo a Marieke, cayó al suelo. Un poco más, solo un poco más. Tengo que ayudarla, no puedo hacer como que no la veo y buscar refugio. Gano tiempo saltando sobre las baldosas rotas que les arrojamos y los cartuchos vacíos de los gases. No parece Ámsterdam. Pensar que desde hace veinte años venimos pudiendo sin enfrentamientos con la policía, nunca habían llegado tan lejos. Es cierto que el mundo ha cambiado, ya no son los ‘60 y nosotros, que fuimos antes que los hippies y toda la contracultura, nos vemos ahora en la disyuntiva de pelear por nuestros hogares con molotov en las manos y cadenas de bicicleta. Henk tenía razón, tal vez debíamos pertrecharnos mejor, pero cómo hacerlo sin traicionar nuestro ideal de libertad y no violencia. Nuestra pequeña revolución solo consistía en que nos dejen en paz, un especie de anarquismo que fuimos inventando leyendo a Thomas Leary, Herbert Marcuse y al Maharishi. ¿Por qué no íbamos a ocupar esos viejos edificios abandonados que seguían en pie desde el siglo XV o el XVI? ¿Por qué nos quitan los hogares? ¿Qué haremos con nuestras familias? Éste, nuestro barrio, nuestro mundo, el Nieuwmarkt, nunca será el mismo si logran construir esas atrocidades. De alguna manera, esperábamos el apoyo de los amsterdammers. Fuimos demasiado ingenuos. Ahora, mayo de 1982, aquellos que antes nos seguían con respeto y admiración se ríen de nosotros, “jóvenes viejos”, dicen en voz baja cuando nos ven pasar, “patéticos”. ¿No se dan cuenta que hoy son nuestras casas, éstas que ocupamos en nuestro derecho, que hoy es la construcción de este circo, de este edificio en donde planean instalar tanto la Ópera de la ciudad como la Legislatura, y mañana serán otras las conquistas arrasadas en nombre del progreso y el beneficio económico de este u otro constructor? Este país está bajo el poder de los constructores. Sólo quedará nuestra lucha por que se legalizara el cannabis, nuestra victoria a favor del uso de bicicletas en vez de automóviles contaminantes, y esta batalla en la que nos están venciendo a palos y balas de goma. Cada vez son más, han llegado los carros de asalto escupiendo hombres armados que se dispersan en todas direcciones, seremos los eternos derrotados. Ámsterdam era un pueblo tranquilo, desde la ocupación de los Nazis no se veía esto. Ya llego, Marieke, ya llego; siento el calor de los muslos al tomar velocidad. Estaban esperando esta momento, hace años que querían darnos duro, solo esperaban que saliéramos a la calle a protestar, a defender nuestro derecho a tener un lugar para vivir. Casi sin aliento alzo a Marieke de los hombros para seguir corriendo, huele a vómito y agua con limón para los ojos; dice mi nombre, Frans, en una exhalación entre agradecida y resignada. Juntos intentamos alejarnos cada vez más de los jinetes y sus bastones. Pasa un cartucho de gas cerca de nuestras cabezas y ya llegan los carros hidrantes por diferentes flancos. De un salto Marieke y yo caemos en el hueco del nuevo subterráneo, la única línea de Metro de la ciudad, ésta que comienza aquí y ahora en Waterlooplein. Caemos y con nosotros el gas, el agua helada, caemos redondamente hasta el fondo del hueco como en un sueño, se oyen las herraduras golpeando cerca contra el asfalto, acercándose. Caemos sin soltarnos hasta más allá de nuestros cuerpos, caemos en un corredor iluminado, el piso limpio de la estación Waterlooplein. Detrás de unos vidrios, venden boletos unas chicas pulcras y uniformadas en azul con motivos amarillos, los molinetes no cesan de hacer un ruido seco con los pasajeros que pasan a nuestro alrededor sin vernos con sus bolsos, sus maletines, sus trajes, raudos y ausentes hacia algún lugar. Busco a Marieke para chequear cómo se encuentra, si los golpes la dejaron malherida, pero no la encuentro a mi lado. Está de pié, quieta, pasmada frente a una gran imagen que ocupa las paredes de la estación, fotografías inmensas que recuerdan la “Batalla de Waterlooplein”, como reza un cartel en un costado. Marieke llora en silencio al ver los cuerpos golpeados, los policías con sus bastones y caballos, la gente que corre desesperada e inmóvil por evitar la fuerza contundente del agua en suspenso que sale de los carros hidrantes. Marieke está de pie, con la mirada fija en aquella mujer que vomita encorvada sobre el empedrado y que es ella misma congelada en el tiempo de la fotografía, y se toca el rostro que ha envejecido y llora. Estoy desconcertado, no sé lo que sucede, Marieke me mira y veo en sus ojos y en su boca el paso real del tiempo. No entiendo. Arriba en el techo, un cartel luminoso indica que son las 17.30, que es diciembre, 19 de diciembre, y han pasado casi veinte años desde que caímos a este lugar. Hacia donde mire están estas grandes imágenes de la lucha que libramos a unos seis metros sobre nuestras cabezas, los escudos de mimbre de los uniformados, la gente saltando, huyendo de la represión. Esa juventud cercenada que odiaba la monarquía y todo lo que representara el poder perverso de los políticos de turno. Sobre las ventanillas de venta de pasajes, el sello de armas de la Reina, de la casa de Orange. El abrigo de cuero es más incómodo que nunca, a pesar de ser diciembre hace muchísimo calor. Me lo quito y corro hacia la escalera en busca de la superficie. El calor es cada vez más agobiante y húmedo. Desde arriba un hombre que parece conocerme me grita para que apure el paso, que los milicos vienen al galope por la avenida. El olor al gas lacrimógeno no se ha disipado y los gritos de la gente y las corridas se oyen con claridad. Aquel que parece conocerme me grita “¡Vamos, Martín, corré!”, y no reconozco el nombre aunque me siento aludido. El olor del gas es cada vez más penetrante, ya estoy cerca de la salida. Sobre mi cabeza, en el momento de saltar a la calle, un antiguo cartel de hierro forjado dice “Estación Piedras”. Se acerca un jinete de azul blandiendo su bastón para pegarme pero logro escabullirme corriendo por Avenida de Mayo con el aliento recuperado, sintiéndome cada vez más joven aun con el alma transida, corriendo hacia la 9 de Julio donde parece que vamos a reagruparnos. En cualquier momento declararán el estado de sitio.
©Fabián Russo, 2008

jueves, 27 de diciembre de 2007

Yo no sabía (Piazzolla/ Ferrer)

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(grabado por F.R. en 1997 junto al pianista Juan Pablo Dobal una noche en el taller de pianos Erard de Frits Janmaat en Amsterdam)

sábado, 22 de diciembre de 2007

Tachame la doble (a Hernán Salinas, in memoriam)

audio

cantor con hambre de poeta
escena misteriosa
del bien después del mal,
tu insomnio brilló donde otros sueñan quemándose
en la hoguera de la fatalidad
cantor
entreverado con tu pena
salías a contarle la suya a los demás
y ahí
cuando dolía
te daba por cantar la luna de algún tango proxeneta
abierta en mariposa
con ganas de volar a un cielo de milongas con ojeras
contando las monedas para desayunar

dirán que fuiste o que mal fuiste
pero cantor te hiciste
remando la ciudad
a veces
porque la gola insiste
cantabas sin decirte
a fuerza de pensar
y ahora
gorrión del ala triste
embate que resiste
la mersa del gotán
te escucho
los versos que aún no existen
de la ciudad que viste
y que algún día será

caló tan hondo en la tristeza de un piano desfondado
tu voz de sangre y sal
que un valse de sáficas muñecas
te arranca en un mordente el fiato del final
tachame la doble
y aunque duela sacá del cubilete un tango sin edad
la historia que se corta
ahora que te vas con todo lo que canta y que nos cuesta
el cacho de uno mismo que no aprendió a llorar las cosas
que perdimos por ser nuestras la noche
y la promesa del día que vendrá.
( Letra y música: F.R. Grabado para el CD El Bardo, junto a Hernán Reinaudo en guitarra, abril de 2005)

sábado, 3 de noviembre de 2007

Encapullamiento (cocooning) por Peter Sloterdijk


Cocooning es el acto que aisla o oculta del ambiente social normal, que se puede percibir como perturbador, peligroso o de alguna manera incómodo, al menos en lo inmediato. La tecnología ha posibilitado esta huida del cocooning más fácilmente que antes. El teléfono y el Internet son las invenciones que hicieron posible una clase de cocooning socializado en el cuál se puede vivir en el aislamiento físico mientras que se mantiene un tele o ciber-contacto con otros.(..)Un ejemplo común de cocooning hogar está basado en permanecer en casa para mirar videos en vez de ir a los cines. El cocooning que vaga es evidente en los que ejerciten o caminen alrededor de la ciudad mientras que siguen estando conectados con los auriculares a un mundo privado, el de su personal sonido. Las tecnologías inalámbricas como los teléfonos celulares y PDAs han agregado una nueva dimensión de cocooning social al cocooning que vagaba permitiendo que la gente incluya selectivamente a otras en su capullo móvil.

domingo, 21 de octubre de 2007

La mamá de Goyeneche


Como a muchos, esos artículos publicados en el suplemento Ñ del Diario Clarín el 18 de agosto de 2007 me incomodaron las agallas de laburante del Tango y, además, creo que se esconde una trampa en la pregunta-título admonitoria ("¿El Tango se quedó sin letra?").
Por un lado, quizás en el carácter espiralado y vertical de los procesos históricos, adn de la cultura, en este caso estemos experimentando la presencia de la danza como hubo un momento para las orquestas y otro momento para los cantores/cantoras, y estos procesos tienden a resignificarse en largos períodos generacionales retornando en nuevas formas. Por otro lado, la letrística del tango, en alguna medida, es fagocitada por su propio mito sencillista no abundando, como en otras épocas, poetas madurados en el estudio y la lectura que podían mantener, sin ningún esfuerzo, la riqueza de su personalidad alternado los libros con el bar, la calle y el teatro. Este fue un país culto, ya no lo es. La educación fue minada consuetudinariamente desde mediados de los años '70 y no hay la misma relación que antes había con la cultura, que era un hecho cotidiano y no un "algo" especial que surge tras determinada decisión. Salvando las grandes excepciones de poetas actuales en el Tango, cuyas obras traslucen la ávida y placentera lectura de la poesía en general, la mayoría de los intentos quedan en una recurrencia a lugares comunes. Que una obra artística llegue a su público no depende del tema que toque. Un buen tango canción no lo es porque se ambiente en determinado barrio, haya un malvón, un patio, o intente ser moderno juntando, pobre Discépolo, internet con el mate. La clave no está ahí sino en la calidad poética que sólo se alcanza con estudio e inspiración, nunca solamente una de las dos. Y esto no vale solo respecto de la letrística. También los intérpretes deben desarollar la lectura de poesía, la comprensión que permite presentar esa historia o escena al cantar o instrumentar una obra. Recuerdo el living de la casa de Goyeneche en la calle Melián de Saavedra: una modesta biblioteca que se floreaba con variada poesía desde Baulelaire hasta Alejandra Pizarnik, desde los Surrealistas franceses hasta Quevedo, desde Darío hasta Gelman. El hombre decía que era Profesor de Gramática como su madre.

Tango y Fusión

El tema sólo lleva a un vórtice en giro constante y sin desagote, tal vez no agregue más que lo siguiente. Por mi parte, y es sólo mi punto de vista, no tiene sentido seguir pensando de manera binaria (tango o no tango), recurso y costumbre usual del conservadurismo, siempre temeroso de todo aquello que salga de la fórmula ser/no ser, blanco/negro, nacional/extranjero, etc./etc. En cambio, prefiero tener una visión polivalente de los hechos en tanto se significan por multiplicidad de influencias, tan diversas, a veces, que suele sorprenderme esa energía. El Tango, desde los años '20, siempre experimentó su crisis, su muerte, su deformación, su aniquilamiento, su pérdida de identidad, todos conceptos humanistas y conservadores, binarios, duales. Y siempre el Tango siguió adelante. Ha demostrado que, como buen argentino, le gusta exagerar sus crisis pero sigue vivito y coleando. El Tango no me necesita para defenderse. Así que toda combinación de elementos del Tango con o en otros géneros, no le hizo nunca mella a su escencia, a su alma, a su Tanguidad. El Tango, a mi parecer, nace de un "guiso", esa combinación de elementos disímiles que derivan, en su confusión, en un arte magnífico con destino universal. En ese cocido nutritivo diferentes culturas agregaron sus condimentos sin receta y tiene su propia identidad. Una hibridación supone otra cosa, la anulación de lo nutritivo, lo generativo, de la identidad. La fusión como género musical surge a fines de los años '60 con la Mahavishnu de Mac Louglin, que integraba sonidos de la India con occidentales, y también hay Jazz Fusion, ¿por qué no pudiera haber un Tango Fusion si existe el ritmo tango milonga? Salúd a Piana. ¿Tango polivalente? El Tango no nos necesita para defenderlo de nada y de nadie, sólo espera que lo disfrutemos. No hay Tango sin Tanguidad y, como la belleza lo es para los ojos, también tiene que estar en el alma del que escucha para ser.

Comentario de Astracán acerca de bar El Cairo

es curioso, El Cairo era el bar con menos encanto del mundo. Era como un bar de estacion de omnibus, mesas de nerolitex blanco teta con pátina grasienta del mismo trapo rejilla, sillas estilo iglesia evangélica bañado todo por ese embrujo de escuela nocturna que dan los tubos fluorescentes, poblado por un ejercito de miradores de culos . doble flanco: culos de Sarmiento, culos de Santa Fe. desfile de los lisiados de las universidades y reparto de hijos de sábado por la mañana. Ahora es una tienda con encanto Astracán

viernes, 19 de octubre de 2007

Una visión dadaísta de Francis Picabia


"Para tener genio hay que poseer un terreno en donde hacerlo crecer, pienso que nuestra tierra, de momento, está agotada. Se le han echado demasiados abonos químicos, los auténticos bacilos han desaparecido, ¡ahora nos vemos en la necesidad de fabricar abonos falsos! Es el triunfo de los escalpelos y de lo sublimado, ¡se hace vivir artificialmente a los cerebros en las mesas de operación mientras se olvida a los corazones en el anfiteatro! Hay tanto genio trucado que si por azar se presentase uno de verdad, nadie querría reconocerlo, sería puesto en ridículo por esa multitud que solo se ocupa de la moda."

de Caravanserail, Francis Picabia, París, 1924.

martes, 25 de septiembre de 2007

Bar El cairo, Rosario, septiembre de 2007


El antiguo caserón se delata todavía en las paredes rosadas que, a modo decorativo, dan un aire bohemio al viejo bar modernizado con amplias pantallas de TV y publicidad cibernética. Está a la vista que el café cae en un cierto esnobismo lenta pero decididamente. El pequeño escenario, más que nada una tarima, recuerda al fallecido escritor que vio a lo largo de los años la evolución de su lugar de encuentro con amigos; Fontanarrosa preside la sala desde un retrato sobre una escueta mesa tijera de metal y una silla vacía. Como con los cafés tradicionales de Buenos Aires, aquí también la opción es cambiar o desaparecer. Habiendo sido la primera opción, la clientela actual encuentra una solución a sus contradicciones de clase mostrándose en una escenografía bohemia pero pulcra, de cuidado desorden y ese perfume a recato puritano que la lógica planetaria del mercado impone desde su origen anglosajón, bohemios por un rato que no pierden sus prerrogativas pequeño-burguesas. Como la puesta en acto de una nostalgia que viene de tiempos idealistas, parece un ancla que ayuda a mantener sonando y tensa la cuerda de la rebelión y del presente constante. Más cerca de un grand café europeo que de un boliche portuario del sur, El Cairo asoma intentando sostener su propio mito. El antiguo samovar que da a los ventanales de la calle Sarmiento se empaña por el aliento de tantas voces en murmullos bajo el alto techo color humo. El humo es lo que falta. También aquí nos prohíben fumar.

sábado, 18 de agosto de 2007

Polonia

De camino a la omnipresente estación de King’s Cross solía detenerme frente a la que fuera una de las casas que habitó Virginia Wolf, en Bloomsbury, ahora convertida en la Virgina Woolf’s Hamburguers. Por extraño que parezca, esta falta total de sensibilidad por parte de los londinenses o de quienes rigen los destinos de la ciudad, me pareció proporcional a su mal gusto. A pocas calles de allí se levanta un complejo habitacional, una especie de manzana rodeada por monobloques, que tiene en el centro una plaza de cemento con un gran supermercado a un costado donde la verdura y las hortalizas estaban siempre fuera de condición, al que un amigo local llamaba “Polonia” por su aspecto sucio, alienante, antiestético y peligroso en las noches frías y solitarias de aquel barrio. Él sólo intentaba trazar una dicotomía entre lo que comúnmente pudo haber sido Londres y en lo que se había convertido por la inmigración que trajo la caída del Muro de Berlín. De todos modos, los polacos no tenían mucho brillo según las mentes de los europeos que habían superado los cuarenta años. Esta nueva xenofobia provenía, como siempre, de miedos antiguos, de mitos que no encontraron justa representación en las mejores obras de arte de sus tiempos aunque sí en batallas militares y en grandes planes de exterminio. De algún modo, había que matar al polaco o al yugoslavo o al marroquí o a todo aquel que pudiera tentarse en, por su sola presencia, modificar algo hacia el futuro. Tal vez, era como aquella prevención hacia sus seguidores argentinos de parte de Gombrowicz cuando subía al barco de regreso a Europa en los '60: “¡Maten a Borges!”. El polaco, Londres, Borges. Borges y Witold. Dicotomías. Pudo Borges haberse sentado a la gran mesa de roble del edificio Canning, a metros de la amplia Embajada Argentina en Belgrave Square, como si de él dependiera la exportación de carnes, el pedido por un rey o el amor por Conrad, el polaco.

domingo, 8 de julio de 2007

1936, Homero Manzi habla del Tango


(en la foto, Piazzolla y Gardel haciendo historia)

“Para dar mi opinión quiero dejar de lado un término que oscurece el asunto: Folklore. Para mí hay solamente música argentina. Y los es tanto la del campo como la de la ciudad con diferencias, claro está, nacidas de su diverso origen. La música del campo, danzas y canciones, tiene la ventaja tradicional de contar con el apoyo del tiempo, ya que sus antecedentes se remontan a mezcladas y arcaicas expresiones de la música india y la espa-ñola, expresiones que contaron para tomar una forma, con la trascendencia del paisaje. El estilo trae a su cincha el alma de la pampa; el bailecito, la repicada repercusión de las montañas. La vidala, el rumor del viento hecho flecos al atravesar los filos de los bosques; y así en todo, cielo, sol, lluvia, nieve, viento, estrellas; lo de menos es el hombre; lo de menos, en actitud de reflexiva conciencia, convertido en intérprete telúrico de hondas fuerzas naturales. En raíz de la tierra.
La música de la ciudad -el Tango- en cambio, tiene la extensión de las pasiones; es música sacada de adentro: ríe, ama, odia, ridiculiza; y por encima de todo el vértigo de los puertos, de las razas, de los vientos y de las velas que traen canciones y nostalgias enganchadas en sus banderines.
Sin embargo, sería injusticia calificar de extranjera la música de la ciudad. Ella ha sabido argentinizarse en un legítimo y encariñado manoseo con la ciudad: con el vigilante ochocentista, con el cuarteador de fin de si-glo, con el compadraje carnavalesco de los barrios, con las guitarra, con las esquinas y con los bodegones, con las chicas desasosegadas por una espe-ranza y que esperan en la inútil balaustrada rosa, que descubrió Jorge Luis Borges; con la dramaticidad grotesca del hogar proletario, desacomodado a fuerza de alcohol y malas pasiones; con la aspiración criollizante del hijo del gringo: Juan Moreira sentimental y tímido; con todo ese embarullado juego de personajes y asuntos que hicieron mutis por el practicable de la vida moderna.
Por eso el Tango de hoy, el verdadero, ¿qué debiera traducir?
A mi entender, la nostalgia de toda esa desaparición, que sólo se puede llorar en dos por cuatro.
Y por eso también, a mi juicio, sólo tendrán patente de persistencia los tangos que traigan ese soplo evocativo, los que sepan ponernos frente al cuadro y al personaje del novecientos. Los que resumen el dolor porteño del contraste de ayer y hoy; los que nos reconcilien con todos los rincones y todas las costumbres desaparecidas; los que tengan ese filete filosófico-sentimental heredado de los payadores patrioteros, puristas y amigos de los amplios alardes.
El otro tango, el del estribillo y la historia de un dolor, es sólo cou-plet, sin ciudadanía porteña, y los del amor lacrimógeno constituyen una invasión de los versitos del trópico, no de la danza recia del trópico, entién-dase, sino de las cancioncillas ésas tan en boga y que carecen de sexo y de vértebras.”

jueves, 22 de marzo de 2007

Chantango, por Juan Carlos Báez

(soneto que evoca un término acuñado en el artículo La tanguidad, en este mismo blog, año 2006, diciembre, Tango con Cortes. Publicado en el foro de www.sentirtango.com)

Hoy el profe Fabián,te dió la cana
por gilberto,ranún y por estaso.
El mismo tango de dará un biandazo
y vas a quedar como badana.

Dejáte gilastrún de hacer macana,
aprendiste un tecor y ya sos... Virulazo,
lo que bailás es fule...es fulerazo,
pero vos no aflojás,y sos un rana

que creés tener la olla por el mango
dandole el "for export" a nuestro tango.
Tenés que gastar suela en la yeca

pa´poder manyar algo del tanguango.
Si querés algún rebusque para el mango
¡andá a juntar monedas en el breca!

jueves, 15 de marzo de 2007

Octógono/Bardo

Desde un punto de vista simbólico, el octógono representa el enlace entre el cuadrado y la curvatura de la esfera. Es sabido que, en las ciencias sagradas aplicadas al arte, el cuadrado estaba relacionado con la Tierra por sus cuatro elementos, o sus cuatro puntos cardinales; por eso, casi siempre se utilizaba en el románico o en el gótico como base de la columna que se unía al arco o al circulo situado en lo mas alto del templo o del edificio. La forma circular, por su perfección, sin aristas, y al mismo tiempo por su sentido de la globalidad que todo lo abarca, sé refería al cielo, a la realidad divina, o a la materia primordial del Universo. El octógono era así, por consiguiente, el puente que resolvía la unión entre el Cielo y la Tierra, permitiendo -como en el caso de la columna- él transito de espíritus, Ángeles y hombres de un lado al otro, en una suerte de Cosmos no quebrado. El polígono de los ocho lados aportaba, asimismo, la polaridad de la búsqueda: cuando la esfera estaba situada dentro del cuadrado, en una variante de la doctrina, entonces el octógono indicaba el camino hacia la interioridad, el paso de lo cuantitativo a lo cualitativo, la vía hacia el latido del corazón, la senda del retorno hacia la madre siempre Virgen del Universo. Pero cuando era el circulo el que abarcaba al cuadrado, el símbolo afirmaba la presencia de la sabiduría divina abrazándolo y penetrándolo todo. El octógono, pues, era la síntesis, a la vez, de una disciplina -en este caso caballeresca de realización espiritual universal y de inspiración eminente en los principios eternos.

miércoles, 14 de marzo de 2007

La selva, por Césare Pavese


Lo selvático que nos interesa no es la naturaleza, el mar, la selva, sino lo imprevisto en el corazón de nuestros compañeros hombres. Aquello que con un simple esfuerzo de atención puede devenir voluntad deliberada. La ciudad, la mujer, gastan con nosotros una ferocidad de la cual toda tierra salvaje es solamente un símbolo. Desastres e intemperies nos encuentran resignados, nos dan la muerte, nos desencadenan en nosotros lo selvático, como hace la voluntad deliberada que a pasión contrapone pasión. Lo selvático inventa palabras, se trabaja a sí mismo para aclararse en palabras, que luego supuran por dentro y nos desgarran. Al principio es sólo naturaleza: la ciudad es un paisaje, son rocas, alturas, cielo, claros improvisados; la mujer es una fiera, una carne, un abrazo. Después se vuelve palabras; lo natural era sólo un símbolo, y al conocer lo selvático verdadero, hay que aullar.
¿Quién no ha aullado nunca delante de las cosas? La tiniebla de una fronda, los asaltos lastimeros del viento, la impotencia ante una fiebre, nos parecen ricos misterios, misterios de dolor y de peligro, a los que estamos tentados de dar la palabra, para conocerlos y poseerlos mejor. Y darles la palabra quiere decir reducirlos a un nivel humano y ciudadano, hacernos palabra de pronto, expresar y significar la turbia, atroz, pululante selva humana. No hay misterio en las cosas naturales, así como no hay pecado. Cuando más son símbolos. Decíamos entonces que lo propio de la ciudad y de la mujer –de la vida en común-, cuando hay voluntad deliberada, es residir en símbolos, al choque con los cuales también se tiende nuestra voluntad y, frustrada, nos deja impotentes ante el misterio, el único misterio verdaderamente intolerable que es el contraste de las voluntades.
¿Por qué tendemos a hablar de una mujer por medio de símbolos, a transformarla en cosa absolutamente natural, diciéndonos, por ejemplo, que ella es fiebre, ráfaga, fronda? ¿Buscamos defendernos, con eso, como nos defendemos transformando en paisaje una plaza, una huida por los techos, o abandonándonos a una muchedumbre como si fuese un río? Pero las palabras tienen una extraña vida: pronto se encarnan, y verdaderamente aquella mujer será para nosotros fiebre y fronda, verdaderamente la muchedumbre será río, y la ciudad paisaje, es decir, impasible para nosotros. Entonces se aviva nuestra pasión; la voluntad se debate, aunque comprendiendo que bajo aquellos símbolos y aquellas palabras hay una voluntad adversa que resiste, que es ella misma un misterio perenne, en el cual nosotros no podemos agotarnos y que tampoco nunca podrá agotarse en nosotros. Aquí está lo selvático verdadero. La soledad en un bosque, en un campo de trigo, puede ser temible, puede matar, pero no nos asusta ni nos mata como hombres, como voluntades apasionadas. Solamente los otros pueden hacernos eso –los otros, el prójimo, la mujer, los compañeros, nuestros hijos. Frente a éstos, frente a la ciudad, sufrimos, siempre sufrimos a fondo. Nos cambiamos símbolos y palabras, cambiamos golpes, nos tendemos la mano, nos enjugamos a veces el sudor, pero al final del día, fatigados, nos damos cuenta de que con nosotros no hay nadie. Y sin embargo sabemos que toda nuestra fatiga tenía el único fin de no dejarnos con las manos vacías. ¿Se puede aceptar esto?
Debemos aceptarlo. Basta pensar lo que sería el fin del día, y el mañana, el porvenir, si desaparecieran los símbolos, si se desvaneciese el misterio, si de noche no estuviésemos solos. Estaríamos más muertos que los muertos. Ignoraríamos el desear algo. Ignoraríamos que el prójimo –la ciudad, la mujer- siendo sólo misterio, espera de nosotros el golpe y la mano, espera ser desvelado y atormentado, enfrentando a su dolor y a su misterio. Si fuese posible destruir los símbolos, todos los símbolos, nos destruiríamos solamente a nosotros mismos. Podemos descubrirnos siempre más ricos, más sutiles, más verdaderos, podemos sustituirnos, no negar la voluntad que está debajo, la voluntad adversa. En ella tenemos la sangre, el aliento, el hambre. No se escapa a la selva. También ella es un símbolo.
Quien olvida esto y se abandona al dulce sueño –a la confianza de que la mujer y la ciudad no sean sangre, aliento, hambre- se encontrará igualmente solo, desvelado, más solo que nunca. Pero se habrá perdido también a sí mismo. ¿De qué sirve conquistar todo el mundo si uno se pierde a sí mismo? Le tocará, de bastarle las fuerzas, reencontrarse quién sabe dónde. En la saciedad, en la vergûenza, en la muerte. Pero no fuera de la selva.
Debemos aceptar los símbolos –el misterio de cada uno- con la tranquila convicción con que se aceptan las cosas naturales. La ciudad nos da símbolos como el campo nos da frutos. Pero ninguno conoce o posee la planta. Viene de otro mundo. Se deja sembrar o podar, se deja abatir y quemar, pero ¿quién puede decir que esa planta es cosa suya? ¿Quién puede decir que ha tocado el fondo de una voluntad ajena? A veces parece que destruir fuera el único modo. Y está bien. Pero destruir una sola voluntad, una sola planta, si bien es posible, es menos que nada: habrá que pasar a otra, a otra más, y así hasta el infinito. Estupideces. Se tendrá un mundo desierto, una estepa. Que es, después de todo, otro nombre de la selva. Tanto vale aceptar el misterio y poblar la ciudad de símbolos, y el campo de presencias. Y amar todo esto, con cautela desesperada.


(de El oficio del poeta, 1954)

sábado, 10 de marzo de 2007

A que no saben...por Liliana Palavecino


La expansión oriental no tiene límites. Y no estoy hablando de Japón. Estoy hablando de Uruguay. Y no estoy hablando de papeleras ni nada que se le parezca. Hablo de esa tendencia a adjudicarse el origen de ciertos emblemas de los que Gardel y el dulce de leche son solo ejemplos. Ya sé que no vengo a descubrir nada, y hasta debo confesar que para una admiradora de la música y la literatura uruguaya este rasgo resultaba ya a esta altura de la vida menos indignante que simpático. Quiero decir, ese afán de "penetración cultural uruguaya" (como dijo un amigo cuando le preguntaron qué le había parecido el libro que le regalara otro amigo, montevideano: "Es un policial, está bueno, pero lleno de datos sobre Uruguay y Gardel que... no sé bien, me da desconfianza, ¿viste que ellos hacen una especie de penetración cultural de lo uruguayo cada vez que pueden?"). Pero bueno, todo tiene un límite. Así que más allá de Onetti, la murga uruguaya, la Malena Muyala, me dio "cosita" ver la semana pasada en la ya definitivamente for export peatonal Sarandí, postales tangueras con la inscripción "Montevideo, cuna del tango" (bueno, está bien, a lo mejor era una alusión al Gardel tacuaremboense y en ese caso no estariamos ante nada nuevo). En fin, conté hasta diez y seguí de largo.
La siguiente vez no pude contar hasta diez y (por suerte) mi explosión fue una carcajada larga, muy larga y una risa de varios minutos que acompañó nuestro interlocutor. El tipo (responsable en ese momento de una institución pública que ofrece un archivo muy interesante para copiar voces de escritores, políticos y figuras destacadas del SXX) era uno de esos uruguayos verborrágicos, simpático y con inquietudes e intereses de lo más variado. Ya nos había comentado sobre el nuevo espectáculo de "Queso magro", sobre qué playa era la mejor para asistir a la fiesta de Iemanjá, a qué murga no podíamos dejar de ver esa noche, qué actitud tomar ante el conflicto por las papeleras, etc. etc., cuando comenzó a hablar de una serie de investigaciones que estaban por ser publicadas. En este punto pensé: "Bueno, era inevitable, ahora va a intentar convencernos de que Gardel nació en Tacuarembó". Y si bien algo tenía que ver Gardel en todo esto, el punto no era Gardel, sino el supuesto padre. Hombre de una vida muy interesante y digno de ser el protagonista de una novela (en palabras de nuestro anfitrión), el coronel Escayola al parecer tuvo tiempo para todo. Fue militar, participó de la Guerra de la Triple Alianza, fue el hombre fuerte de Tacuarembó, se casó con tres hermanas al tiempo que mantenía relaciones con la madre de estas mujeres, tuvo amoríos con cuanta mina se le cruzó en el camino y algo así como 50 hijos (entre los que estaba Gardel, por supuesto, no se iba a privar de decirlo). Nada extraño, si pensamos en la vida de Urquiza o tantos otros caudillos. El caso es que además el tal Escayola era un hombre muy culto, y solía ir al teatro cada vez que podía: viajaba a Montevideo, a Europa y a EEUU. Su afición por el teatro lo llevó a construir uno en Tacuarembó, en aquella época. Hasta acá todo más que interesante en el discurso de nuestro amigo, pero yo ya estaba rogando que retomara el hilo cuando lo hizo solito. Las últimas investigaciones sobre la vida de Escayola, nos contó, se centran en el período de su viaje a EEUU y hay varios documentos, datos y testigos que llevan a "sospechar" (no usó esta palabra, pero siento que cometo un sacrilegio si transcribo el verbo que él usó, que es "afirmar") que sería padre de nada más y nada menos que de... Frank Sinatra. Sí, tal como lo leen, dijo "Frank Sinatra", así, muy serio, y muy suelto de cuerpo, el tipo. En esta parte fue la explosión de mi risa, (y que me perdonen Galeano, Fernando Cabrera, Jaime Roos y tantos otros uruguayos amados pero mi risa en ese momento fue de indignación, algo asi como un "Andáááá..." muy pero muy largo) que él no pudo más que acompañar unos cuantos minutos (todo lo que me duró, o sea hasta que nos despedimos).
Cuando me fui de ahí me seguí riendo, pero unos días después me puse a pensar con alarma en quiénes serán los próximos objetos de apropiación (y por ende, medio hermanos de Gardel), y se me ocurrió, por ejemplo, John Lennon. Hijo de madre soltera, se sabe que su padre era un marino que lo quiso ver cuando triunfaba con los Beatles, pero pudo ser solo un oportunista y el verdadero padre, Escayola. ¿Acaso no viajaba con frecuencia a Europa? (sí, sí, está el inconveniente de las fechas pero ya alguno se las va a ingeniar para decir que en realidad para 1940 , con casi 100 años, el coronel seguía vivo y dándole hijos ilustres al mundo...).
Como esta idea me asustó muchísimo (¿hasta dónde piensan llegar los del paisito?), no quise seguir con el tema, pero que no les sorprenda si en los próximos tiempos nos enteramos de que también son hijos del Coronel Escayola:
Edith Piaf
Vinicius de Moraes
Billie Halliday
George Brassens
Janis Joplin
...
¿Se les ocurre alguien más? Imagino que sí, pero mejor no completar la lista, no sea cosa que estemos dando ideas y no lo sepamos.


(gracias, Lili)