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martes, 15 de febrero de 2011

Sarmiento y la Eugenesia

"Tengo odio a la barbarie popular... La chusma y el pueblo gaucho nos es hostil... Mientras haya un chiripá no habrá ciudadanos, ¿son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad?. El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y forman una división entre la ciudad culta y el pueblo, haciendo que los cristianos se degraden... Usted tendrá la gloria de establecer en toda la República el poder de la clase culta aniquilando el levantamiento de las masas". (En Buenos Aires, 1853; Carta a Mitre del 24 de Septiembre 1861; en EEUU., 1865)  

"¿Lograremos exterminar los indios?. Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado". (El Progreso, 27/9/1844; El Nacional, 25/11/1876)

Tras establecerse como posibilidad entre la ciencia positiva del siglo XIX, la tesis de Charles Darwin acerca de la evolución de las especies derivó en Darwinismo Social, según las conclusiones de su primo Sir Francis Galton en 1865. La Eugenesia se establece fácilmente poco después. Tanto en Inglaterra como en Estados Unidos comenzaron a hacerse experimentos, bajo leyes constitucionales, que utilizaban seres humanos para mejorar la raza o descartar a aquellos considerados inútiles para este objetivo. Esta idea se esparció por Occidente con gran aceptación, llegando a ser Hitler el que expone su versión más extrema obligando a los “aliados” a detenerlo no tanto por la práctica en la eliminación de seres humanos sino por simplemente haber pasado cierto límite poniendo en riesgo el “buen nombre” de aquellos que, como la IBM o los bancos ingleses y yanquis que lo apoyaban.
Uno de quienes llevaron a cabo las ideas de la Eugenesia en Argentina públicamente fue Domingo Faustino Sarmiento, a quien por estos días vemos que el oficialismo intelectual trata de rescatar sin mencionar ésta entre tantas miserias del prócer escolar. Erradicar al gaucho y al aborigen era uno de los objetivos fundamentales de una clase social y política que halló en Sarmiento una voz potente y creíble para aquellos bancos ingleses que invertían en el país agrícola-ganadero, suplantar a esta raza criolla con inmigrantes europeos fue política de estado. Más aún, con sus diferencias, también fue política del Imperio en todos los países sobre los que señoreaba. A lo largo de los últimos 150 años las políticas eugenésicas fueron cambiando desde una visión farmacéutica hasta la simple aplicación de fórmulas económicas brutales pasando por hambrunas y dictaduras complacientes al sistema. Desde este punto de vista, y asistiendo a realidades que surgen de los diarios como el asedio a la población Qom, la bicentenaria práctica del trabajo esclavo en el país como si fuera novedad, el apoyo oficial a la minería a cielo abierto en tres provincias y ambicionando las alturas cordilleranas, la Eugenesia goza de buena salud en estos días.  
Sarmiento hubiera estado satisfecho con estas realidades en las que, además, se lo barniza históricamente como si no hubiera sido, también en el tema educativo, simplemente un esbirro de los poderes centrales que siguen siendo los mismos. El objetivo: reducir la población mundial a un número que facilite su opresión con la excusa de reducir la pobreza y, de ese modo, el establecimiento de un gobierno planetario (nuevo orden mundial) dirigido por una elite genéticamente “mejorada”, la misma que decidió los rumbos de Occidente durante los últimos dos siglos. Sarmiento fue un eslabón más en la cadena que nos ata y que será aún más terrible en las próximas décadas. Estamos asistiendo a una transformación que solo supone el fortalecimiento de los poderes que hasta ahora han sometido a los pueblos, ¿qué hace la Presidencia argentina apoyando y alabando al nuevo orden mundial? “¡Gloria y olor…!”

©Fabián Russo



viernes, 26 de junio de 2009

Hace siete años



Hay veces en las que se me complica más de lo habitual explicar a mis amigos en otras latitudes (algunas boreales, otras australes, social o geográficamente) cómo es la vida en un país neo-colonizado. Porque en éste, como en tantos otros, nunca se llevó a cabo una descolonización, sólo hubo cambio de amos. Y de allí en adelante, el futuro o eso que llamamos la historia nacional. Difícil explicar de qué se trata esto de que una corporación política, cimentada en la filosofía de “mejor ser cabeza de ratón que cabeza de león”, que tanto repetía mi viejo como si fuera una gran máxima que me guiaría en el camino de la argentinidad –claro, una sin gloria-, llegado el momento de la charada electoral para seguir argumentando que se vive en democracia, ésa en donde se vota lo que te permiten votar; que esa corporación, sigo, sea siempre la misma, y que sea tan respetuosa de la estructura federal/unitario. El poder que se negocia entre gobernadores, caudillos, señores feudales del siglo XXI; el poder que se negocia entre terratenientes, la burguesía, los oligarcas, los banqueros; ambas facciones que negocian entre sí y, en sus acuerdos, esas sombras patéticas que andan por las calles muñidos de maletines y apuros, esas otras que aran inmensidades, esas otras de biología binaria frente a monitores centelleantes. Hoy, hace unos años atrás, recuerdo estar parapetado atrás de quién sabe qué auto o cartel mientras veía a una señora ama de casa en la puerta de su edificio en la avenida Callao con un balde de agua y limón para que rehogáramos allí los pañuelos y así apaciguar los efectos del gas lacrimógeno –me impactó esa señora sabiendo acerca de eso-, hoy esa tarde, si es posible esta gramática, morían Kosteki y Santillán. Se me hace difícil explicarle a mis amigos de otros lares lo ridículos que podemos ser los argentinos, lo disciplinados en la desmemoria, lo cómodos, lo cínicos que podemos ser, lo desvergonzados al seguir creyendo que es mejor ser “vivo” a “inteligente” (que tantas veces me reprochan esa falta de fe de mi parte), qué fóbicos al creer y creer y creer. ¡Qué se yo, como decía Borges acerca de su identidad como poeta, “menos que un cantor de tangos”! Se me complica a veces explicar y, encima, siendo menos que Borges.
©Fabián Russo

jueves, 18 de septiembre de 2008

Por qué no canto así


Si. Me preguntan dónde estoy cantando, cuándo es mi próxima actuación. Y, salvo alguna participación como invitado, hace casi un año y medio que no subo a un escenario. ¿Por qué? Ya es tiempo de aclarar esto por aquí.
Tengo la suerte de haber comenzado desde muy abajo en este oficio, básicamente en la calle por las monedas que el transeúnte quisiera arrojar a la funda de mi guitarra tendida en la vereda. No fueron días ni semanas ni meses. Recorrí media Europa como busker, conocí la dormida en celdas policiales, en estaciones de tren, en plazas públicas, en habitaciones de hotel de mala muerte; conocí las corridas callejeras, las peleas por tal o cual vereda o esquina para tocar, los cateos, las broncas y las alegrías supremas. Todavía guardo dibujos y poemas que desconocidos me iban regalando al paso de las canciones a más de 20 años de aquellas aventuras. Luego vinieron los bares, los teatros chicos, los festivales, los teatros grandes, las giras, los CD’s, los reportajes, la radio, la televisión, las notas acerca de uno en diarios y revistas, los managers, las grupies, las giras, el “éxito”. La vida me regaló conocer cada una de las etapas en esta carrera de la música, pero nunca, nunca, tuve que pagar para trabajar. Porque es mi trabajo, mi oficio y profesión, no un hobby. Pretendo lo mismo que los músicos en La Plata ya lograron: no tener que pagar para trabajar. Es inconcebible que los bolicheros no sólo exijan un “seguro de espectáculo” equivalente a una cantidad de dinero proporcional a la cantidad de personas que, según ellos, debería uno llevar a su bar, sino que además hay que pagarles un porcentaje de la entrada y obviar que se están quedando con la caja que da la barra y sus consumiciones. Los que hemos trabajado en el gremio gastronómico sabemos que es alta la ganancia en todo lo referente a tragos y sus variantes. De este modo, sólo los que tienen el dinero para afrontar esto son capaces de subirse al escenario. Se corre la variable por la calidad para que la holgura económica ocupe ese lugar. No sorprenda que, entonces, haya tanto personaje extraño cantando tangos, por ejemplo, nivelando hacia abajo las posibilidades del género. Los bolicheros se comportan como dueños de casa de fiestas a las cuales se alquila y, en tanto pague, que actúe el que quiera. Más allá del perjuicio que esto provoca entre quienes nos tomamos seriamente este laburo, más allá de un camino hecho, no es posible que haya que pagar todo eso y bueno sería que el boliche se quedara con las consumiciones y listo. Ojalá en Buenos Aires ocurra lo mismo que en La Plata, o que las asociaciones gremiales (SADEM, UMI) no sean hipócritas y traten de una vez seriamente este tema. El capitalismo, la sociedad mercantilista, provoca automática censura en los artistas.

viernes, 29 de agosto de 2008

Ecce homo (¿despenalizar o penalizar?)


La historia de las drogas es, también, la de una hipocresía. Por un lado, Nietzsche cerraba el capítulo acerca del teatro en La ciencia alegre (o gaya ciencia) con esa especie de súplica: “¡Hacer del teatro y de la música el hachís y el opio de los europeos! ¿Quién nos contará alguna vez la historia de los narcóticos, que es casi la historia de la "cultura", de la denominada cultura superior?”; por el otro, el mundo es una repre-sentación, la convivencia aceptada entre aquello reprimido y el alcohol, el tabaco ,la televisión, etc. Claro, el punto no está ahí sino en lo adictivo. Sin necesidad de huída del mundo no habría drogas, sin necesidad de suplantación de un vacío no habría drogas. Las drogas y la música serán los elementos más utilizados para llevar a cabo esta huída, la computadora el catalizador de esa angustia en la abstinencia convirtiéndose, a la vez, en transporte para la “navegación” hacia horizontes difusos. De esta manera, la historia de las drogas puede ser la historia de una navegación, de un “viaje”. Desde aquellos primitivos chamanes con sus viajes iniciáticos provistos por una incipiente homeopatía y con la conciencia de su límite, acotado al interior, lo que hacía al ritual, hasta la actual navegación virtual ilimitada, las drogas estuvieron siempre comprometidas en el proceso de algún modo. La historia de una abstinencia. Por otro lado, nadie decide ser adicto. La droga sustituye, en su ritual, el culto por el dinero y el éxito con sintética satisfacción. No es la despenalización ni la penalización el instrumento para abordar el tema de las adicciones. Estas alternativas sólo tienen que ver con el negocio de las drogas, de los dealers, de los transas, de los verdaderos cultores del dinero y el éxito que arman su ritual sacrificando a los pobres adictos empobrecidos: en el plano legal cualquier modi-ficación tiene que ver con una plusvalía y no con el estado de salud de los consumidores. Para que no haya adictos a las drogas tendría que abolirse el culto a la personalidad, la acumulación de dinero y la imposición social en ganarle a un adversario (el otro, el mismo), en lo que sea y a toda costa, para ser.

©Fabián Russo.

jueves, 17 de abril de 2008

Borges y la bola de cristal

Desde hace poco más de un año se ha establecido, en círculos literarios de universidades y periódicos norteamericanos, que Jorge Luis Borges, como su contemporáneo Benjamín SolariParravicini, tenía talentos de anticipación y le era revelado el futuro. Lejos de reírnos a carcajadas como en un coro de desalmados borgistas, sus lectores de siempre, o tal vez una mayoría de tan extenso grupo, nos miramos maravillados como cuando un jugador de fútbol argentino pasa a integrar las lides de un club del primer mundo tal con el ascenso de Borges a la categoría de Nostradamus. Más aún, hay quien no solo especula con que nuestro poeta previó la existencia de la Internet sino que además la creó. Esto, claro, basándose en la lectura de cuentos como “La biblioteca de Babel”, “El Aleph”, “El jardín de los senderos que se bifurcan” y, ante todo, “Tlön Uqbar Orbis Tertius”, amoroso homenaje a las ideas e invenciones de su polifacético amigo Xul Solar (Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari 1887-1963). Tal vez ahí esté la clave. Quizás, por su particular historia personal, las características de su obra, los intereses metafísicos que lo guiaban; la invención de sistemas como un nuevo tarot o un nuevo ajedrez; su personal visión astrológica; las constantes referencias esotéricas y su convencimiento de que en las matemáticas y en la física se hallaban los secretos del mundo, podría bien ser Xul Solar quien predijo la existencia de la red global. Pero en Estados Unidos no saben que existió Xul Solar. Más aún, el pensamiento empírico, aristotélico, que domina en aquella cultura, poco podría comprender acerca de los alcances de la obra de este artista y científico porteño, de la influencia que ejerció no solo en Borges sino en otros intelectuales como Leopoldo Marechal, Roberto Arlt, Julio Cortázar u Osvaldo Lamborghini, entre otros. La clave que se halla en la obra de Xul Solar es su alejamiento completo del binarismo tradicional para entregarse a una mullida y vasta polivalencia. ¿Cómo podrían Borges y Xul Solar, que creían en la superación del binarismo, ser precursores de un red virtual que está determinada por cálculos binarios de la fórmula, de Gottfried Leibniz, 1-0? Anticipándose -él sí- varias décadas a postulados, que esgrimiera Jacques Derrida, acerca de que es necesario deconstruir las oposiciones invirtiendo primero las jerarquías (en la oposición de dos términos siempre uno de los dos ocupa una posición dominante) para resquebrajar luego todo el sistema, Xul Solar pretende que se alce un mundo basado en terceras posibilidades que, en general, han quedado ocultas, prohibidas por el patriarcado binarista, y que se tienen por más abiertas, armonizadoras y con gran capacidad de adaptación por su flexibilidad.
Que Borges haya homenajeado su amistad con este artista, todavía poco frecuentado hasta en su propio país, con el que es, tal vez, su mayor cuento, habla también de su sintonía con las visiones de Xul Solar. No debe sorprendernos que ambos cultivaran, a su manera como suele suceder, el Budismo. Tanto así que, visitando el museo Xul Solar en el antiguo edificio del Pen Club de Palermo, hallaremos imágenes budistas en forma de mandalas y en iconos sea en telas, madera u otros soportes. Como también existe aquel pequeño libro de Borges con Alicia Jurado que titularan, al modo zen, con la pregunta “¿Qué es el budismo?” Tal vez nuestra ignorancia nos hace creer que Borges o Xul Solar predecían la existencia de Internet cuando, en realidad, suponían que el mundo se estructura como un lenguaje y que hay un ultra-mundo que se expande hacia el infinito en combinaciones inesperadas, simultáneas y paralelas, como sucede en “La biblioteca de Babel” desde las formas hexagonales, mandálicas. El astuto pensamiento empírico de nuestros generadores de tendencia imperiales, sólo alcanza a reducir los resultados de la creatividad de Borges a una improbable capacidad de visionario cuando lo que nuestro poeta intentaba expresar era algo menos banal que “esta bomba de tiempo a la base de las certezas metafísicas de la humanidad” (ver encabezado de este blog). Personalmente, creo que si Borges asistiera al uso y desuso que se hace de la red global, estaría espantado. Además, un bibliófilo como él, un confesado fetichista del libro, solo hallaría desolación en el mundo virtual.
©F.R.