domingo, 3 de mayo de 2009

Paul Célan,Tango y Fuga de la muerte



Fuga de muerte



Leche negra del alba la bebemos al atardecer

la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
Cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba llamando a
sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena tocad ahora música de baile
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodra te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí no hay
estrechez.
Grita cavad más hondo en el reino de la tierra los unos y los otros cantad y tocad
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos azules
hincad más hondo las palas los unos y los otros volved a tocar música de baile.
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodra y a la mañana te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete tu cabello de
ceniza Sulamita él juega con serpientes.
Grita tocad más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de Alemania
grita tocad más sombríamente los violines luego subiréis como humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allï no hay estrechez
Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodia la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de Alemania
tu cabello de oro Margarete
tu cabello de ceniza Sulamita.

Traducción del alemán de Jesús Muñarriz

Tras la caída de la república de Weimar en Alemania, se produce la llegada al poder del Nazismo que intenta borrar toda huella de las tendencias que lo antecedieron prohibiendo, por ejemplo, al Jazz. A pesar de haber compartido con la música negra norteamericana el espacio teatral de aquellos tiempos, el Tango ocupa ese eventual vacío. El Tango se volverá a escuchar y bailar tanto en Alemania como en los territorios ocupados. Más allá de las orquestas europeas con acordeones y ritmo extremadamente rígido a cargo de músicos europeos, la Waffen SS contrataba a la orquesta argentina Bianco-De Ambroggio que hacía giras por diferentes países. El tango Plegaria, de Eduardo Bianco, era el preferido por los oficiales nazi al punto de que los músicos judíos eran obligados a tocarlo durante los trabajos, marchas, castigos y ejecuciones en el campo de exterminio de Janowska, cerca de Czernowitz en Rumania, suceso que queda documentado en los versos de Fuga de la muerte de Paul Célan, uno de los más grandes poetas del siglo XX, quien pasó allí su adolescencia viendo morir a su familia.

(Extraído de TANGO EN LOS PAISES BAJOS http://www.10tango.com/notas/13236-%3E%3B+TANGO+EN+LOS+PAISES+BAJOS)

©Fabián Russo

sábado, 3 de enero de 2009

Nietzsche y los rayos catódicos


Leyendo el prólogo del Aurora de Nietzsche es posible inferir, o entre-leer, que estaba teniendo ya la visión de que el siglo XX sería el de los individuos, del sujeto asido a su diferenciación de la masa, sujetando y siendo sujetado por el espacio vacío que lo une al otro; tan fuertemente que el otro, los otros, puede devenir en “los demás”, lo que están de más, ya que se erige el culto al yo, a la conciencia del existir en el mundo según los valores que el mundo propone y no en una meditación profunda respecto de la existencia. No se existe sin el otro. Sin embargo, el gran tema del siglo ha sido la relación del ser humano consigo mismo. Como no hay pensamiento que surja de modo solitario en la cultura, el Rimbaud adolescente había anunciado aquello de “¡Qué siglo de manos!” y en Victor Hugo aparece ya esa mirada que apunta hacia laberintos de la moral tal como también lo hace Dostoievsky con su Rashkolnikov o aquel autorretrato de El jugador. Al mismo tiempo, cerrando el siglo de las manos, surgen las corrientes teosóficas que intentan ocupar el lugar que las religiones superiores de Occidente habían abandonado mucho tiempo atrás en una combinación de elementos tanto del hinduísmo, antiguos rituales egipcios y creencias paganas nórdicas que influirían tanto en el surgimiento del Nazismo como en la aparición de Krishnamurti, en el otro extremo. El siglo XX nos ha dejado, tras la caída que anunciaba Nietzsche, un hundimiento mayor del que pudo haber imaginado. Aquel dios que había muerto, aquella moral que ya no “ligaba” al hombre consigo mismo por lo que se erige como adorador y adorado, aparece ahora (desde los años 50) en la forma del televisor que, según Peter Sloterdijk, es la última técnica de meditación de la humanidad tras la caída de las religiones tradicionales. Ya nueve años del siglo XXI, leo el prólogo del Aurora mientras siguen estallando los fuegos artificiales y algún pibe enmascarado dispara un tiro que, tarde o temprano, inadvertido entre el bullicio, le pegará en el pecho en un eterno retorno.


FR

jueves, 25 de diciembre de 2008

A un cínico


Uno es eso que acaba de olvidar, y es el instante siguiente que también ya está olvidado. El resto, imágenes imprecisas, sonidos difusos, aromas disueltos, palabras. Y, a pesar de todo, sé quién soy. No es un saber positivo, no busca articularse en nada ni pretende beneficiarme, no tiene una dirección. Tal vez ni siquiera sea un saber. Más bien, resulta cercano a una roca, o a las moléculas que hacen a la roca, o a aquello que interviene en la relación de esas moléculas para llegar a ser roca. Ser más que saber. Alguna vez un cínico, sintiéndose superior en su pequeñez, ironizó acerca de mi saber quién soy como acto de suerte hasta inmerecida poniendo en duda, claro, mi afirmación ya que, ignorante, creía que el que se conoce a sí mismo mágicamente resuelve sus contradicciones o, lo que es peor, acciona de ahí en adelante una voluntad que lo lleva a solucionar sus desencuentros consigo y con el mundo. No hay modo de transmitir el estupor que produce estar frente a la propia existencia si el otro no lo experimenta también. Eso que se conoce está olvidado y en su lugar habita un mito. Conocer es olvidar, sólo en la palabra puedo retener algo de aquello pero no su esencia volátil. Yo digo “sé” y soy. Él dice “sé” y sabe. Será por eso que se me hace imposible emprender la tarea de una autobiografía.
F.R.

martes, 21 de octubre de 2008

Bardos


“En la antigua Irlanda el ollave, o maestro en poesía, se sentaba al lado del rey a la mesa y tenía el privilegio, que nadie más que la reina poseía, de llevar seis colores diferentes en sus ropas. La palabra «bardo», que en la Gales medieval equivalía a maestro en poesía, tenía un significado diferente en Irlanda, donde significaba un poeta inferior que no había pasado por los «siete grados de la sabiduría» que lo convertían en un ollave tras un curso muy difícil de doce años. La posición del bardo irlandés es definida en la Sequel to the Crith Gabhlach Law del siglo VII: «Un bardo es quien no posee más intrucción legal que la de su propia inteligencia»; pero en el posterior Book of Ollave (incluido en el Book of Ballymote del siglo XIV) se dice claramente que el hecho de haber llegado al séptimo año de su educación poética daba derecho a un estudiante a la dignidad de bardo. Había aprendido de memoria sólo la mitad de los cuentos y poemas prescritos, no había estudiado la prosodia avanzada ni la composición métrica y era deficiente en el conocimiento del goidélico antiguo. Sin embargo, el curso de siete años que había seguido era mucho más severo que el que se imponía en las escuelas poéticas de Gales, donde los bardos ocupaban una, posición proporcionadamente inferior. Según las leyes galesas, el Penkerdd, o bardo principal, era sólo el décimo dignatario de la Corte, se sentaba a la izquierda del heredero forzoso y se le reconocía la misma dignidad que al Herrero Mayor.
de La Diosa Blanca, Robert Graves

martes, 14 de octubre de 2008

Paraiso, refugio, música


La idea de pensar acerca de un Refugio Perdido en lugar del Paraíso Perdido miltoniano, es un paso reciente que aborda la Filosofía desde hace unos cuarenta años. El hombre sin refugio, arrojado hacia adelante en una escena que surge desde la tierra y sus ciclos, es parte esencial de la idea de Da Sein en Heiddegger. El paradigma allí es el mismo de los últimos siglos, el hombre expulsado y su relación con la Naturaleza. La palabra será, entonces, la única casa del Ser. Este racionalismo humanista se mantuvo durante siglos como la puerta de acceso a la Filosofía aunque, ya en tiempos de entreguerras, llevara al existencialista alemán a abrazar y alimentar tigres nazis basándose en la herencia y la tradición, como es dable en un pensamiento que tiene por base una interpretación agrícola de la existencia. En el momento en que lo que está perdido no es el Paraíso sino el Refugio, cambia la escena que encuadra la escena primera. Ya no el paraíso que la tradición oral o escrita, religiosa o histórica, tomaran como referencia para un probable “regreso” basado en el respeto por ciertas leyes según el discurso de que trate, sino el refugio al que es imposible volver, expulsados de una vez y por todas del vientre materno. Es un refugio de la imposibilidad, de esa expulsión no se vuelve como no se vuelve a la caverna original de nuestros antepasados. Del mismo modo, expulsado de la Naturaleza el hombre se vio desnudo frente a su imperfección y tendió alianza con su congénere dando paso a la horda primitiva en alabanza de la Diosa. Esta alabanza sirvió para crear la cohesión necesaria de la horda, cohesión que se produjo por medio de los himnos y los cantos sagrados. La música, paralelo tonal del mundo emocional según Sloterdijk -quien trae la idea desde Pitágoras-, es aquello que suplió el silencio de la expulsión original. Silencio que, por no poder todavía decodificar otros sonidos, deviene de no oír más el murmullo materno dentro del vientre. Silencio que, a la vez, intentamos obliterar por medio de la música constante, ya no sagrada, porque ahí se encuentra nuestro ser pero pesa más la expulsión y la angustia que buscamos callar aturdiéndonos “en tiempos donde nadie escucha a nadie”.

©F.Russo

Ahí viene la cana

Ha fallecido el comisario Racana, que diera origen con su nombre a la imagen «¡ahí viene la cana!».
Así se lo contó, en cierta oportunidad a Josué Quesada el dicho comisario, quien narra que cuando era oficial inspector, se había hecho popular en ciertos barrios por sus razias contra los malandrinos. Y los chicos, en cuanto a la distancia veían aparecer la popular figura del comisario, lanzaban el grito de alarma: «¡Ahí viene Racana!».
Pero tanto usaron al apellido que éste terminó por desgastarse y la R y la A se fusionaron en «la».

Roberto Arlt, 1929.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Nuevo Blog


Un nuevo blog dedicado especialmente al Canto en el Tango. Anticipando la próxima publicación del libro El Tango Cantado (una lectura acerca de la Escuela Gardeliana) por Ediciones Corregidor, este nuevo espacio en la red está dirigido a todos los que sienten curiosidad por los diferentes aspectos que hacen al arte de la interpretación de los tangos cantados, su historia, evolución, características y aspectos técnicos. También sirve de base para aquellos que estén interesados en tomar clases de canto y deseen informarse al respecto.


lunes, 29 de septiembre de 2008

Recital recomendado El Filón

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"Escobar", tango de Ontivero-Filipo.

El Filón Tango es un dúo de guitarras y voz femenina que integran jóvenes y muy talentosos músicos: Zulma Ontivero y Carlos Filipo. Llegarán al ciclo Tangos con el Alma para presentar su primer compacto "Da capo/Tango", que en términos musicales representa un retorno al principio de la partitura, todo un símbolo de la historia reciente de Zulma y Carlos que casi tres años atrás llegaron a Buenos Aires desde su ciudad de Córdoba para empezar "de nuevo" su carrera artística en procura de un futuro más amplio en su arte.

Un encuentro de renovadas emociones y cálidos momentos gracias al talento de Zulma y Carlos, que presentarán un repertorio de temas propios y clásicos del género.

La cita es para el viernes 3 de octubre, a partir de las 21, en Bien Bohemio, La Casa de Tití Rossi, Sánchez de Loria 745, barrio de Boedo, Buenos Aires. Aconsejable reservar al 4957-1895 (desde las 20 hs. del jueves 2) o bien a la dirección de correo electrónico detangos@yahoo.com.ar. El derecho de espectáculo es de $ 15. Consumición a la carta sin mínimo preestablecido.
(texto de Enrique Snider)

http://www.myspace.com/elfilontango

martes, 23 de septiembre de 2008

Estamos en radio esta noche


Esta noche de martes 23 de Septiembre a las 21.00 horas(1 am en Europa) estaremos charlando al aire mi amigo Enrique "el Alemán" Snider y yo por su amable invitación a participar en su programa Con alma y música, que se emite por AM 1120 Radio Tango de Buenos Aires. También se puede escuchar online y en directo entrando a  http://www.amtango.com.ar/

sábado, 20 de septiembre de 2008

Será que estoy llorando (Piazzolla- Ferrer)

A diferencia de otras vidas del amor, creemos que la amistad es eterna y es tan profundo e inabarcable el dolor que nos produce su final que todo parece perder sentido repentinamente. El Tango cantó este rasgarse muchas veces tras la escena del amor romántico tal vez por ser más soportable su caída. Tarde o temprano, la herida del amor sentimental llega a cerrarse pero la que deja el fracaso de una amistad permanece sensible para siempre no pudiendo nada ocupar ese lugar. Pensando en estas cosas, y en amigos que ya no están porque faltó el amor y sobró la estupidez, recordé este tango que Ferrer y Piazzolla escribieron en París, en 1981, última obra entre ambos y despedida de un vínculo amistoso y creador que superaba las dos décadas. Lo conocí en la voz de Hernán Salinas, en 1991, a capella, en su departamento de la calle Paraguay, y lo grabé seis años más tarde en Ámsterdam con Juan Pablo Dobal y Hernán Ruiz mientras Frits Janmaat, restaurador de pianos Erard, escanciaba vinos inolvidables que aclaraban la garganta y los dedos y las cosas del alma.


Será que estoy llorando

Nieva y nieva
y el desván está vacío.
Sólo queda un cartelito
"Se vende"
que me duele como el tiempo.

No hay ni un mueble
en esta azul melancolía,
pero ayer tampoco había
más que el cielo
de una cama que era el suelo.

Te subí de tul vestida
con mi traje tan prestado.
Si reír fue la bebida,
se embriagó el amor diez años.

Pero un día
por un chiste mal contado,
los compinches, en dos bandos, desataron
la revancha y la soberbia.

Y este cálido
desván plumón de nido,
me vio vuelto un asesino,
me golpeaste,
nos cubrimos con afrentas.

Y en aquella escribanía
fue un fangal nuestra poesía.
Cada cual fraguó testigos.
Cada amigo fue enemigo.
Cada insulto fue asentado.

Y el desván fue malvendido
y el dinero repartido
y el olvido fue un candado.

Nieva y nieva,
y sin saber por qué he venido,
en los vidrios ateridos
vi tu rostro reflejado,
desolado, blanco y breve.

Debe ser que te he adorado.
O será, tal vez, la nieve.
O será que estoy llorando.
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jueves, 18 de septiembre de 2008

Por qué no canto así


Si. Me preguntan dónde estoy cantando, cuándo es mi próxima actuación. Y, salvo alguna participación como invitado, hace casi un año y medio que no subo a un escenario. ¿Por qué? Ya es tiempo de aclarar esto por aquí.
Tengo la suerte de haber comenzado desde muy abajo en este oficio, básicamente en la calle por las monedas que el transeúnte quisiera arrojar a la funda de mi guitarra tendida en la vereda. No fueron días ni semanas ni meses. Recorrí media Europa como busker, conocí la dormida en celdas policiales, en estaciones de tren, en plazas públicas, en habitaciones de hotel de mala muerte; conocí las corridas callejeras, las peleas por tal o cual vereda o esquina para tocar, los cateos, las broncas y las alegrías supremas. Todavía guardo dibujos y poemas que desconocidos me iban regalando al paso de las canciones a más de 20 años de aquellas aventuras. Luego vinieron los bares, los teatros chicos, los festivales, los teatros grandes, las giras, los CD’s, los reportajes, la radio, la televisión, las notas acerca de uno en diarios y revistas, los managers, las grupies, las giras, el “éxito”. La vida me regaló conocer cada una de las etapas en esta carrera de la música, pero nunca, nunca, tuve que pagar para trabajar. Porque es mi trabajo, mi oficio y profesión, no un hobby. Pretendo lo mismo que los músicos en La Plata ya lograron: no tener que pagar para trabajar. Es inconcebible que los bolicheros no sólo exijan un “seguro de espectáculo” equivalente a una cantidad de dinero proporcional a la cantidad de personas que, según ellos, debería uno llevar a su bar, sino que además hay que pagarles un porcentaje de la entrada y obviar que se están quedando con la caja que da la barra y sus consumiciones. Los que hemos trabajado en el gremio gastronómico sabemos que es alta la ganancia en todo lo referente a tragos y sus variantes. De este modo, sólo los que tienen el dinero para afrontar esto son capaces de subirse al escenario. Se corre la variable por la calidad para que la holgura económica ocupe ese lugar. No sorprenda que, entonces, haya tanto personaje extraño cantando tangos, por ejemplo, nivelando hacia abajo las posibilidades del género. Los bolicheros se comportan como dueños de casa de fiestas a las cuales se alquila y, en tanto pague, que actúe el que quiera. Más allá del perjuicio que esto provoca entre quienes nos tomamos seriamente este laburo, más allá de un camino hecho, no es posible que haya que pagar todo eso y bueno sería que el boliche se quedara con las consumiciones y listo. Ojalá en Buenos Aires ocurra lo mismo que en La Plata, o que las asociaciones gremiales (SADEM, UMI) no sean hipócritas y traten de una vez seriamente este tema. El capitalismo, la sociedad mercantilista, provoca automática censura en los artistas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Milongón del Roca

En tiempos en que arden los trenes y la realidad se hace humo, un pequeño aporte a la "confusión general", como hubiera dicho Aldo Pellegrini, en modesta canción rioplatense.
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 Milongón del Roca

El bolsito con la toalla y el jabón,

la mirada de la noche y ya es de día.

Bondi lleno yendo hasta Constitución.

La mitad de lo que pasa son mentiras.

 Los carteles anunciando una elección

y el futuro que murió este mediodía

en la esquina de Jujuy con Pueyrredón

porque la desilusión le dio cabida.

“¡La Razón a voluntad!”,

dicen los pibes,

pregonando una verdad

que nadie sigue.

El que tiene poco da

porque es contado,

la limosna en “cuotacard”

no se ha inventado.

Va dejando la ciudad

el tren cargado

de un presente sin piedad,

tan alienado.

Cada cual su mp3

auriculado,

lo mejor es no saber

quién está al lado.

“¡La Razón a voluntad!”

y está tan claro

que es más fácil no escuchar

y hacerse a un lado (y hacerse el nabo).

Esa bronca que se junta en la estación

por los trenes que no salen todavía.

Cada uno con su mambo y su versión

de las cosas que le faltan en la vida.

 Y los chicos con los diarios y el garrón

de mentir con paco el hambre que lastima.

Cada uno con su propia indignación

negociando una porción de sobrevida.

 

©Fabian Russo 2008


viernes, 29 de agosto de 2008

Ecce homo (¿despenalizar o penalizar?)


La historia de las drogas es, también, la de una hipocresía. Por un lado, Nietzsche cerraba el capítulo acerca del teatro en La ciencia alegre (o gaya ciencia) con esa especie de súplica: “¡Hacer del teatro y de la música el hachís y el opio de los europeos! ¿Quién nos contará alguna vez la historia de los narcóticos, que es casi la historia de la "cultura", de la denominada cultura superior?”; por el otro, el mundo es una repre-sentación, la convivencia aceptada entre aquello reprimido y el alcohol, el tabaco ,la televisión, etc. Claro, el punto no está ahí sino en lo adictivo. Sin necesidad de huída del mundo no habría drogas, sin necesidad de suplantación de un vacío no habría drogas. Las drogas y la música serán los elementos más utilizados para llevar a cabo esta huída, la computadora el catalizador de esa angustia en la abstinencia convirtiéndose, a la vez, en transporte para la “navegación” hacia horizontes difusos. De esta manera, la historia de las drogas puede ser la historia de una navegación, de un “viaje”. Desde aquellos primitivos chamanes con sus viajes iniciáticos provistos por una incipiente homeopatía y con la conciencia de su límite, acotado al interior, lo que hacía al ritual, hasta la actual navegación virtual ilimitada, las drogas estuvieron siempre comprometidas en el proceso de algún modo. La historia de una abstinencia. Por otro lado, nadie decide ser adicto. La droga sustituye, en su ritual, el culto por el dinero y el éxito con sintética satisfacción. No es la despenalización ni la penalización el instrumento para abordar el tema de las adicciones. Estas alternativas sólo tienen que ver con el negocio de las drogas, de los dealers, de los transas, de los verdaderos cultores del dinero y el éxito que arman su ritual sacrificando a los pobres adictos empobrecidos: en el plano legal cualquier modi-ficación tiene que ver con una plusvalía y no con el estado de salud de los consumidores. Para que no haya adictos a las drogas tendría que abolirse el culto a la personalidad, la acumulación de dinero y la imposición social en ganarle a un adversario (el otro, el mismo), en lo que sea y a toda costa, para ser.

©Fabián Russo.

jueves, 21 de agosto de 2008

El Tango del Vampiro


De los tangos y poemas tangueados escenciales que a lo largo de estas décadas escribió Luis Alposta, rescato (sin desmedro de sus obras en libro o las grabadas por Edmundo Rivero, entre otros) éste que escribiera hace ya tiempo y que él mismo me hiciera conocer en la voz de Juan Sebastián, artista del arte supremo del recitado que lleva en las vocales el alma secreta del maestro parmesano Amleto Vergiati, alias Julián Centeya. A quienes, como a mí, les atraen las rarezas profundas y originales, con el guiño porteño que hace a la Tanguidad, éste poema acerca de la imposibilidad del deseo se le hará agua en la boca, o quién sabe qué otro fluído...

Tango del Vampiro

Escucho a un fueye que me asegura
que ya es de noche y es noche oscura.

Hoy su rezongo suena a sirena
que está anunciando que hay luna llena.

Este es el tango que con voz ronca
le canto a Lucy al salir del jonca.

¡Lucy! ¡Mi Lucy! Que no hay collares
con que se oculten tus yugulares.

Desde hace siglos no siento el hambre
y hoy sólo quiero beber tu sangre.

¡Conde! ¡Mi Conde!
¡Mi amor prohibido!

Ya desde el día en que la has bebido
mi sangre toda te corresponde.

Si me has herido,
mi flor de anemia
No es esta noche lo que me apremia,
sino la llama que has encendido.

Si algo me quieres,
sólo por eso,

abre la boca con que me hieres
y hoy dame un beso.

El mismo fueye, como si hablara,
me está diciendo que es noche clara.

Ya no es rezongo, ni es la guadaña.
Ni es esa historia de Transilvania.

Este es el tango con voz quebrada
que ahora le canto a mi enamorada.

¡Pero carajo!... ¡Pero carajo!...
¡Quién trajo el ajo!... ¡Quién trajo el ajo!...

¡Tan justo ahora, que sin collares
Lucy me muestra sus yugulares!

Luis Alposta

Audio : http://www.esnips.com/displayimage.php?pid=459915

jueves, 14 de agosto de 2008

Improperio válido para el castellano nuestro

( Tañedor de laúd, Frans Hals)

"Thou whoreson Zed! Thou unnecessary letter!"

King Lear, Shakespeare

Interpretando

exposición a la "mirada" del otro/ propia/ para ordenar el caos
quien interpreta expone el caos
quien interpreta ordena el caos
confesión en tanto el otro ordena el caos con su mirada/ escucha
confesional/ ritual/ repetición/ retorno a los topoi
interpretación/ versión
versus
se escucha "cómo" se dice la "letra"
la letra se mira
cómo dice quien canta
el tango se dice/ confiesa
silencio
me canta.

lunes, 11 de agosto de 2008

Penalizar o legalizar, ¿pasa realmente por ahi?

El uso ritualmente acotado de drogas forma parte, desde el punto de vista psicológico, de las casi desaparecidas prácticas chamánicas. En éstas se concibe el interior humano en la medida en que está ya delimitado, no tanto como esfera anímica cerrada y autónoma, sino como espacio de manifestación y escenario para lo que ha de llegar, acontecer y consumarse.
Al respecto Sloterdijk esboza la tesis de que la filosofía nació cuando los descendientes de los magos se establecieron en la polis y hubieron de acomodarse a las reglas de la intermediación urbana, o cuando señala que, en el momento en que la 'extática' quedó sometida a la retórica, se desarrolló una magia civil cuyos discípulos comenzaron a dedicarse a oficios en apariencia completamente desembriagados, como políticos, oradores, educadores y juristas. Ahora bien, es aquí en Extrañamiento del Mundo donde Sloterdijk propone leer la Historia de la Cultura como historia de la abstinencia. A partir de lo cual, el filosofar pasa a ser concebido como "una forma procesal de la sobriedad" y el análisis antropológico-cultural del problema de las drogas remite a una especie de fenomenología del espíritu propenso a la adicción.
Sloterdijk, en Extrañamiento del mundo, concibe la adicción (a la que diferencia del consumo de drogas como parte de un ritual de extásis o de embriaguez) como una "dialéctica de huida y búsqueda de un mundo", y cita extensamente el libro de Jünger Acercamientos; Drogas y ebriedad o lo que Giddens caracteriza como la "experiencia secuestrada", esto es, un particular intento de suplir la ausencia de experiencias existenciales genuinas, donde encontrar un arraigo para la vida. Quien se hace adicto a los narcóticos es porque carece de motivaciones fuertes en cualquier otra dirección. La droga se impone por defecto, nadie decide ser un adicto (uno no se despierta una mañana enfermo y ya es adicto). La droga tiene un carácter sustitutivo. Sustitutivo del culto al dinero y del éxito intramundano. Quien no pueda acceder a esas drogas sustitutivas es, en el decir de Sloterdijk, arrojado de hecho a las drogas duras. Quien no puede drogarse con grandes cuotas de éxito o dinero simplemente tiene que consolarse con sustitutos químico-farmacológicos, con una felicidad sintética y espectral.


En la ideología clásica y su crítica, el hombre estaba subyugado por las necesidades, sujeto a ellas y se refugiaba en las ilusiones. Ahora ocurre justo lo contrario, vivimos en el lujo y simulamos las necesidades. Es una comedia de la necesidad. Pero debemos precavernos, la palabra droga seguirá siendo una designación defectuosa en tanto la entendamos sólo en su identificación químico-farmacéutica y policíaco-cultural. En el orden del mundo antiguo -chamánico- las "drogas" poseían un estatus fármaco-teológico (ellas mismas eran elementos, actores y fuerzas del cosmos ordenado en donde los sujetos intentaban integrarse con miras a su supervivencia). Las ayudas farmacéuticas son especialmente requeridas en tiempos en que los individuos se sienten enfermos y extraños. En ellas buscan asilo los hombres cuando están persuadidos, por sí mismos o como cuerpo social, de que se presenta una interrupción de la armonía global. De manera que las sustancias psicotrópicas no se utilizan para la embriaguez privada sino que actúan como reactivos de "lo santo", como apertura senso-espiritual a lo demoníaco.


A. Vásquez Roca "Peter Sloterdijk: Extrañamiento del Mundo"

sábado, 9 de agosto de 2008

Soy

Según cuenta la historia, el último tango en el que interviene la inspiración reveladora de Discépolo es Mensaje, dictado desde el más allá al astrólogo Cátulo Castillo una madrugada y musicalizado por Aníbal Troilo esa misma tarde, unos meses después de aquel último encuentro entre Pichuco y el poeta tragicómico que le decía, postrado en una cama de la avenida Callao, "...estoy tan flaco que las inyecciones me las ponen en el gabán...". Sin embargo, hace más de una década, la viuda del poeta, Tania (con quien compartimos un desayuno al mediodía en Mar del Plata en el '91 que consistía en salamín picado grueso y whisky con hielo, y una versión que hicimos a duo, muy ad hoc, de Esta noche me emborracho); como decía, Tania encontró una partitura en el fondo de una caja. Ese papel amarillento llevaba escritas las notas de un tango que no había llegado al estribillo y que Discépolo había simplemente titulado Soy. Dispara todo tipo de imaginaciones el sólo pensar en lo que animaba al poeta en sus últimos días para comenzar una obra con tamaño título. Es así que Tania le entrega esta partitura a Horacio Ferrer quien, a su vez, se la da a Jairo para que éste complete la posible melodía del estribillo. Una vez establecido el tema musical, Ferrer escribe una letra en la que, tomando en cuenta aquel tango dictado desde el Hades, Discépolo nos habla nuevamente. Por diversas razones que están ligadas a extrañas leyes humanas, este tango no ha sido grabado por otros cantantes. Sin embargo, hace más de once años me tocó estrenarlo en el sótano del Café Tortoni y, sorteando algunos obstáculos, llegamos a grabarlo junto al pianista Juan Pablo Dobal y el guitarrista Hernán Ruiz en un CD que, misteriosamente, nunca llegó a hacerse público. Aquí, el tango Soy, de Enrique Santos Discépolo, Horacio Ferrer y Jairo, tango que tardó 50 años en terminarse.
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jueves, 24 de julio de 2008

Memoria porteña


"Los anarquistas se reúnen en grupos, en los que no impera autoridad alguna, siendo por consiguente todos iguales, porque sus doctrinas demoledoras no les permiten reconocer entre ellos mismos una autoridad que les dirija.

Los grupos de Buenos Aires no tienen locales especiales donde reunirse, haciéndolo al aire libre y cuando les cuadra.

Los principales grupos se denominan: 'Desertores', 'Angiolillo', 'Desheredados', 'Dinamitados', 'Dispersos'. Los más agresivos constituyen 'Violencia contra violencia', 'Ni Dios ni Amo'. Otros más estudiosos y moderados forman los grupos 'Germinal', 'Feminista', 'Estudiosos', 'Dolce far niente','Libertad y Progreso', 'Alba', 'Ciencia y Progreso', 'Libertad y Amor'."



(de Buenos Aires desde su fundación hasta nuestro días, Manuel Bilbao, Imprenta de Juan A. Alsina, Buenos Aires, 1902.)